"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

16 de enero de 2012


V



Al otro día, Alex se fue al bosque lo más rápido que pudo. Iba pensando en cómo disculparse con Lilly por su ausencia. No sabía por qué iba tan preocupada. Nadie le había hecho experimentar esa sensación de angustia, como si hubiera faltado a una cita muy importante… a una cita de amor, que no sabía cómo podía entender que fuera eso, ya que nunca se había enamorado de verdad, y le importaba muy poco lo que sus parejas pensaran o sintieran, cuando los dejaba plantados o llegaba tarde.



Llegó a la mitad del bosque y se encontró a Lilly recogiendo las flores que encontraba en su paso antes de llegar al rio. Alexandra la alcanzó y se agachó a tomar una margarita amarilla que Lilly estaba por recoger. Se levantó al igual que Lilly. Alexandra se miró en sus ojos y no supo cómo pudo soportar no haberla visto ayer. Le entregó la flor y le dijo:



–Discúlpame por no llegar ayer.



–No te preocupes, no te estaba esperando –dijo Lilly sin importancia, y siguió recogiendo algunas flores pequeñas.



–Ah –respondió Alex un poco triste. Pensó que al menos le iba a decir que la extrañó o que le iba a reprochar por no llegar. Quería otra reacción de ella, sentir que le hizo falta su presencia, como a ella le había hecho falta la suya.



Alexandra se quedó para ante su indiferencia. Miró hacia atrás de ella y pensó en tomar el camino de regreso para alejarse de la vida de Lilly. Regresó su vista a ella y la miró recogiendo las flores. No sabía por qué no quería dejarla. Lilly se detuvo y caminó hasta donde Alex se había quedado. Volvió a mirarse en sus ojos y Alexandra sabía que no iba a soportar dejar de verlos.



–Sabía que no vendrías –decía Lilly, sonriendo con ternura–. Las hadas me dijeron que no vendrías.



Dio la vuelta y siguió caminando por el bosque. Alexandra la siguió sin decirle nada. Era como si estuviera en un sueño profundo. Todo parecía magia a su alrededor. Todo estaba en silencio. Parecía que el ruido de la ciudad estaba en otro mundo y Alexandra solo pertenecía al mundo de Lilly.



–¿Te gustan mucho las flores porque te llamas como una de ellas? –le preguntó Alexandra.



–Sí, pero puedes llamarme Ehecamécatl… es el nombre que me dieron las hadas –respondió.



–Ah sí, claro…mejor te llamo Lilly –dijo.



No podía creer en nada de lo que le estaba diciendo y mucho menos podría decirle así, porque el nombre era muy complicado de pronunciar.



–Debes creer en ellas, si existen –insistió.



Alexandra recogió una flor pequeña y la acercó a su nariz. Sonrió tímidamente, casi solo para ella, quería disimular que no era como Lilly, no podía creer en algo como las hadas.



–Yo no soy como tú, no tengo esa inocencia que tienes –dijo entregándole la flor.



–No necesitas ser inocente, a veces lo único que necesitas… es tener fe.



Lilly tomó la flor y la dejó otra vez en el lugar donde Alexandra la había tomado. Con su mano libre, la cubrió otra vez con la tierra, porque la había arrancado desde la raíz y Lilly consideró que aún le faltaba por vivir. Alexandra no entendió su comportamiento. Creyó que fue ingenuo lo que hizo Lilly, ya que la tierra estaba un poco seca y las raíces no aguantarían tanto tiempo. Le sonrió para retomar la conversación y le dijo en un suspiro:



–Pues yo creo que para tener fe necesitas ser inocente.



–¿Y para ti qué es ser inocente? –le preguntó Lilly con ternura.



Alexandra la miró y no supo que responderle. Nunca se creyó inocente, no al menos como cuando era una niña donde podía creer en todo. Cuando le gustaban los cuentos de princesas y creía en los príncipes azules.



–¿Cuántos años tienes­? –le preguntó Alexandra al pensar que su edad podía ser la causa de seguir conservando esa magia de creer.



Lilly se acercó al rio y se sentó sobre una piedra.



–Dieciséis –contestó suspirando.



Alexandra se acercó y se sentó frente a ella. La mirada que tenía Lilly en sus ojos no reflejaba la edad que tenía. Pero su cuerpo no mostraba que fuera más chica. Lilly se agachó a recoger una piedra de entre el agua del rio. Alex no podía dejar de verla, era hipnotizante estar a su lado.



–El corazón jamás crece –replicó Lilly, para hacerle entender que para ser inocente o creer en las cosas no hace falta ser un niño.



–No tengo corazón… –murmuró para que Lilly no la escuchara y fijo su vista a la corriente lenta que llevaba el río.



Miró como la mano de Lilly se mojaba con el lento caudal. Qué era lo que le hacía sentir en su alma. Prácticamente su presencia la alejaba de todos sus sentidos. Lo único que podía sentir y observar, era el semblante de Lilly.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.