"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

26 de diciembre de 2011


II



Mariana se encontraba inquieta, no sabía qué hacer con esa situación tan desesperante y triste. No podían evitar verse porque tenían varias clases juntas. Mariana entró al salón, para mala suerte de ella, la primera mirada que encontró fue la de Annie, que desvió  la mirada, aún estaba avergonzada y triste por lo que había hecho. Mariana se sentó en el primer lugar que encontró vacío, sus compañeros no lo entendían porque siempre se sentaba junto a Annie que había llegado temprano y eso era muy raro en ella, ya que Mariana tenía que buscarla para hacerla cumplir con sus obligaciones en el colegio.



—¿Tienes problemas con Mariana? —le preguntó un amigo.



—No —suspiró— …ya nunca los tendremos.



Annie dirigió su mirada a la ventaba y veía las gotas que resbalaban por el cristal. Solo llovía ligeramente, el ambiente se sentía inundado de melancolía. Sus compañeros las miraban y hablaban, algunos reían y otros reflejaban compasión en sus miradas.



—Se lo dijiste, ¿verdad? —preguntó impaciente.



—¿Decir qué? —Annie respondió confundida.



—¡Lo que sientes por ella!



—¡¿De qué estás hablando?! —lo miró nerviosamente.



—¡Vamos Annie! Todos saben lo que sientes por ella.



—¿De verdad? —preguntó avergonzada y mirando a Mariana que estaba alejada de ella.



—Creo que la única que no se daba cuenta era ella —dijo su amigo mirando en la misma dirección de los ojos azules.



—Le prometí que eso no pasaría —volvió a suspirar y se hundió en su lugar.



—¿Ella sabía que tú… que tú? —le decía impresionado— Bueno ya sabes a qué me refiero.



—Sí, lo sabía.



El azul de sus ojos ensombreció de tristeza. Ambos quedaron en silencio, su amigo se sentó de la impresión por lo que estaba escuchando. Todos tenían sospechas de la orientación de Annie, nunca tuvieron la seguridad de ello, pero siempre su comportamiento para con Mariana era sospechoso.



—Vaya… y aun así era tu amiga —le dijo asombrado—. Entonces es una muy buena amiga… ¡Claro! Solo una cosa así puede esperarse de una persona tan comprensible como ella.



—Sí —respondió Annie con tristeza.



—Sabes Annie, todos los que conocemos a Mariana la queremos de una u otra forma, como las chicas, te envidian porque eres su mejor amiga… y nosotros odiamos al idiota de Saúl por ser su novio —le decía murmurando—. Pero nadie te culpa o te odia por lo que sientes… ¿Dime quién no puede enamorarse de esos bellos ojos, de su dulce cara, de ese cabello rubio? ¿Quién puede resistirse a su tierna sonrisa? Nadie, nadie puede hacerlo.



—Sí —contestó Annie dejándose llevar por las palabras de su amigo.



—Todos decían que algún día te quedarías con ella, ¿qué paso?



—La besé —dijo Annie sin titubeos.



Annie miró a su amigo asombrada porque no había mostrado reacción alguna por lo que le dijo, creo que ellos sabían más de sus sentimientos que ella misma.



—Ah, ¿y eso la molestó? —preguntó tranquilamente.



—No.



—¿Entonces?



Annie no contestó la pregunta.



—No te preocupes, todo se arreglara, una amistad y un amor como el suyo no puede terminar así. Ella es de buen corazón y te perdonara.



—No lo creo, ella si me culpa y me odia por lo que siento —se levantó y salió del salón.



Mariana al ver salir a Annie volteó a ver a su compañero con reproche, el cual le hizo una cara de “Yo no sé nada” antes de derretirse con esa mirada, que a pesar de estar triste, siempre mostraba belleza en ella. Mariana dirigió su mirada hacia la puerta por unos momentos, le dolía la situación de su relación con Annie, porque ante todo la quería mucho.



Mariana esperaba todos los días a Saúl para hablar, pero él sólo la rechazaba. Las cosas empeoraban cada día, Annie dejó de asistir a varias clases y no se le veía por el colegio muy seguido. Mariana se sentía sola por haber perdido a su mejor amiga,  a pesar de que Saúl era su novio, la mayoría del tiempo lo pasaba con Annie. Habían pasado ya varios días antes de que Annie decidiera arreglar todo. Tenía que resignarse a que ya no tenía nada con Mariana, ni siquiera esa amistad que tanto la hacía sentir viva.



Annie esperaba a Luís en la puerta, se veía triste y demacrada, ya tenía varios días sin ir al colegio.



—Luís, necesito tu ayuda… ¿Aún tienes la cinta original? —le dijo tomándolo por sorpresa.



—¿La del beso? —preguntó.



—¡Sí!, la del beso.



—La tengo en mi casa —contestó Luís.



—Pues la necesito ahora mismo.



—Si nunca te interesó verla, ¿por qué quieres hacerlo ahora?



—¡¡Es algo que no te importa!! —respondió Annie furiosa.



—¡Te dije que le harías daño!… ¿Por qué no me hiciste caso?



—¡¡Vete al diablo!! Déjame en paz —Annie empezó a alejarse, sentía un gran mareo, su cuerpo estaba cansado de tanta desesperación y tristeza.



—Está bien, la cinta la tendrás esta tarde —le dijo para tranquilizarla.



—¿Puedo verla en tu casa? —preguntó casi en suplica— Necesito verla… por favor.



—Vamos, para que tú pidas un favor debes estar desesperada.



—Y no tienes idea de cuánto —dijo tristemente.



Ambos salieron del colegio, la casa de Luís estaba algo retirada. Annie en el camino pensaba cómo tenía que arreglar eso, sabía que no iba a recuperar a Mariana, pero al menos tenía que hacer que ella recuperara a su novio, de esa manera disminuía tanto dolor que le había causado. Llegaron a casa y Luís le puso la cinta. Annie escuchó atenta cada palabra que ella había dicho y las respuestas de Mariana, observaba el nerviosismo que tenía su amiga cuando tocó sus labios. Los ojos de Annie se abrieron y el azul de sus ojos cambió, no daba crédito a lo que veía, Mariana lloraba cuando la estaba besando, nunca se dio cuenta de eso porque Mariana aprovechó cuando se fue la luz para limpiar sus lágrimas.



—¿Segura que quieres seguir viendo? —dijo Luís preocupado— No creo que te guste lo que verás.



Annie no escuchó a Luís y siguió viendo la cinta. Escuchó la conversación que Mariana tuvo con Saúl y se sintió culpable por haberlos separado.



—¿Hay algo que pueda hacer por ti?



—No Luís, es algo que tengo que arreglar yo sola, de todos modos gracias.



Pasaron los días, Saúl como siempre llegaba temprano al salón de audiovisuales y Annie lo esperaba nuevamente en la puerta.



—Y ahora qué tienes para mí, Annie… ¿otro beso? —se dirigió a ella con sarcasmo— …¿o ya llegaron a más? ¿Ahora en verdad ya te pertenece?



—¡No, no es otro beso, ni es algo más… es el mismo! —respondió agresiva por su comentario.



Saúl se molestó más con esa respuesta y se metió al salón, Annie lo siguió.



—Solo te pido que la veas —le entregó la cinta y dijo—, me duele pero… ella en verdad te ama.



Saúl vio la cinta, su dolor empezó a disminuir, pero su angustia no, sabía que se precipitó en la reacción que tuvo con Mariana y se sintió un poco culpable.



Annie llegó a “el vuelo”, Mariana estaba ahí. La miró de espaldas, adoraba el color de su cabello, recordaba las veces que Mariana tenía que sacarla de apuros, pero esta vez ella no respondería.



—¿Puedo hablar contigo? —se acercó Annie.



—No me digas, déjame adivinar, ¿quieres otro beso para mostrárselo a todos?



A pesar de sus palabras, Mariana no podía disimular su dolor y la tristeza que reflejaban sus ojos verdes.



—¡No, no necesito mostrárselo a todos! ¡Todos saben lo que siento por ti! —agachó la cabeza— ...Tú eras la única que no se daba cuenta.



—¡¡Cómo querías que me diera cuenta de algo que prometiste no pasaría… traicionaste mi confianza… y nuestra amistad!! —gritó Mariana.



Las dos gritaban sus palabras y herían sus sentimientos. Sus corazones se sentían demasiado alejados cómo para preocuparse si se herían aún más en el trayecto de intentar encontrase otra vez.



—¡¡Lo que hice no fue por ese sentimiento, no fue por amistad… fue por amor!!



Al escuchar eso Mariana se tranquilizó, no podía juzgar ni molestarse con ese sentimiento porque ella lo entendía, pero no de la forma que Annie lo hacía. Dejó de mirar a Annie, recargó sus brazos en la barda y miraba el viejo reloj.



—¿Recuerdas el día que nos conocimos? —dijo Mariana sin mirarla.



—Sí —respondió triste Annie.



—A pesar de estar rodeada de tantas personas, me sentía sola —Mariana volvió su mirada a Annie que seguía con la cabeza agachada—. Sentía que a mi corazón le hacía falta algo y ese día… llegaste tú y todo cambió. Me sentía bien, esa soledad y ese vacío desaparecieron de mi vida.



Annie la miró un poco extrañada.



—¡Claro, la manera en que me diste la bienvenida a tu vida fue tan conmovedora! —las dos se veían y empezaron a reír al recordar aquel momento que unió sus vidas para siempre.



—Creo que todo el tiempo que llevamos de conocernos, nunca peleamos como aquella vez —dijo Mariana mientras secaba sus lágrimas y reía un poco.



—¡No! —aclaró Annie— Nunca me insultaste como aquella vez, ¡fue muy gracioso!



—¡¿Gracioso?! ¿Te pareció gracioso lo que me hiciste?



—¡No exageres! El café no estaba tan caliente —le decía— y no me refiero a eso.



—¡Ah no!, ¿y entonces qué fue lo gracioso para ti?



Annie dudo en decirle, pero esa mirada tierna y llorosa le hizo recordar como la veía antes.



—Que a pesar de que eres tan amable, tierna, educada y parecías una niña tonta —sin dejar de reírse le dijo—: Al momento de insultar… ¡Eres peor que un camionero!



—¡Gracias! —le dijo dándole un leve golpe en el brazo—¡Así que una niña tonta!



—¡Ah! Creí que el golpe había sido por comparar tu bello lenguaje con la de un camionero.



Annie no dejaba de tallar su brazo, sentía que su corazón y su nerviosismo se relajaban. Las dos se sentían más tranquilas.



—¿Por qué nunca me dijiste que me creías una niña tonta? —la miró fijamente a los ojos esperando una respuesta— ¡Y mi lenguaje no es el de un camionero! —replicó riéndose.



Annie se perdió como siempre en esa sonrisa tierna que siempre acostumbraba recibir de Mariana. Sabía que no podía quedarse así y contestó.



—¿Aún crees que no? Apuesto a que los de la cafetería y la mayoría de las personas que escucharon tus bellas palabras, opinan lo mismo que yo.



—Bueno a veces puedo enojarme un poco y decir malas palabras. Pero, ¿por qué creías que era una niña tonta? —le dijo sin apartar su mirada de ella.



—Bueno —decía mientras movía las manos tratando de explicarlo con gestos—, porque eras amable, dulce, responsable… y le agradabas a todo el mundo.



—Ah, ¿y eso te molestaba?



—Solo un poquito —Annie tomó aire y le dijo—: Pero desde ese día, a pesar de todas las malas palabras que me dijiste, tus pequeños ojos verdes entraron a mi corazón y quise que fueras mi mejor amiga.



—¿Desde ese día? —preguntó Mariana.



—No desde ese día, pero fue el primer escalón que subimos… y desde ahí creí que ya nada podría separarnos.



Annie no pudo evitar llorar, Mariana quería abrazar y consolar a su amiga, pero parte de ella no la dejaba, aún estaba molesta por lo que le había hecho. Mariana se dio cuenta de que Annie no era tan fuerte como aparentaba, nunca imaginó que la persona que se derrumbaba ante sus ojos fuera la misma que siempre ocultaba sus emociones y sentimientos. Pero esta vez Mariana tenía que ser la que se portara indiferente a esas emociones…y a esos sentimientos.



—¿Desde cuándo empezaste a sentir esto por mí? —preguntó fríamente.



—Cuando te dije lo de mí… —Annie intentó respirar y trató de tranquilizarse— Estaba segura de mis sentimientos por ti… solo te quería como amiga.



Mariana la veía con cierta desconfianza, no estaba muy segura de lo que estaba escuchando.



—Después, llegó Saúl a tu vida y solo hablabas de él todo el tiempo, empecé a sentir celos, mis sentimientos empezaban a confundirse —continuó diciendo— intente apagarlos, pero cada vez eran más fuertes y me di cuenta que te quería más que a una amiga… me estaba enamorando de ti.



—No solo intentaste apagarlos —comentó Mariana—, intentaste alejarte de mí, ¿verdad?



—Sí —dijo Annie apenada—, pero siempre terminaba buscándote, interrumpiendo cada vez que podía cuando estabas con él… no soportaba que te abrazara, que te besara… ¡No lo soportaba!



—¿Y por eso hiciste lo que hiciste?



Annie no contestó a lo que sabían de antemano que era verdad. Ninguna de las dos habló por largo tiempo, solo veían el ir y venir de las personas desde arriba. El aire soplaba muy frío y algunas hojas rozaban sus cuerpos. Tenían frío, pero sabían que necesitaban arreglar todo ahí porque después ya no habría tiempo.



—¿Alguna vez te pedí perdón por lo del café? —susurró Annie.



—No… creo que no.



—¿Me perdonas? Por lo del café —Annie temblaba al hablar.



—¿Por lo del café?… —pensó Mariana.



—Sí, solo por lo del café ­—dijo Annie con tristeza al no creer que merecía que la perdonara por lo que hizo con el beso.



—Está bien, te perdono.



Mariana miró las manos de Annie, no sabía si le temblaban de frío o de miedo. Annie miró esos ojos verdes y le dijo en tono suplicante.



—¡No te alejes de mí! ¡Te necesito a mi lado! ¡No quiero terminar con nuestra amistad! Por favor,  perdóname. Te prometo que no me acercare a ti cuando estés con Saúl… ¡Pero no me dejes!



Mariana tardo en contestar, se sentía conmovida por esas palabras, se acercó a ella y secó sus lágrimas.



—¿No acercarte a mí? Sabes que eso no lo soportaría —no le dijo más y la abrazó.



Annie necesitaba a su mejor amiga, o al menos el amor que podía recibir solo de esa manera.



—Con respecto a Saúl —le dijo Annie apartándose de ella—, te está esperando en audiovisuales.



Mariana no pudo disimular su felicidad, le dio un beso en la mejilla y se fue. Annie cayó sobre su rodilla en un llanto desesperado que se confundía en el soplar del aire y las hojas moviéndose de los árboles. Definitivamente sabía que nunca podía esperar más de Mariana. Así, otra vez, aquel lugar fue testigo de un corazón roto y un amor que por ahora no podría ser.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.