"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

13 de diciembre de 2011



VIII



Amelia retiró a todos sus hombres de la línea de ataque. El rey regresó al castillo y le puso precio a la cabeza de Amelia, sin importarle si era verdad que era su hija. Ella no pudo terminar con su venganza al sentirse engañada por sus propios amigos. Sí, el rey había matado a sus supuestos padres, pero nunca le dijeron que ella había sido jefe de la guardia real y después fue castigada por amar a Selene.


—El día que llegaste a este mundo, también nació Selene en una de las guaridas de los rebeldes. Ella nació en las peores condiciones, mientras tú nacías bajo la gracia divina de la corona. El rey estaba lejos del castillo, tenía al líder de la rebelión en sus manos, él luchó valientemente para que Teresa y su hija no cayeran en sus manos, era el amanecer cuando tú llegaste —la señora miró tras la oscura noche del cielo, la media luna ya se posaba en el firmamento—. Tú al igual que Selene nacieron sin un padre a su lado.


—¡Largo! —decía Amelia con dolor, no quería saber nada más de su pasado— ¡Eso es mentira, no puedo ser hija de ese bastardo!


—La media luna que hay en tu mano derecha —decía señalando su mano. Amelia tenía una media luna como marca de nacimiento—. La reina Anna sabía que la niña que le había entregado el rey no era su hija, porque no tenía la media luna. No dijo nada al darse cuenta que esa niña era hija de Teresa y Diógenes. La reina sabía de lo que era capaz el rey y sabía que si le decía la verdad mataría a esa niña sin piedad. Creciste lejos de tu madre y Selene vivió una vida que no le tocaba vivir.


Amelia no entendía cómo había terminado en manos de los rebeldes y por qué Selene en manos de la reina, como su hija.


—Dos días después de tu nacimiento, cuando Teresa se enteró… —continuó la anciana— de la muerte de Diógenes en las manos del rey, se llenó de ira y perdió el sentido de sus actos. Con ayuda de un guardia que trabajaba con el rey logró sacarte del castillo en una noche, después... —la anciana paro de contar— No sé cómo terminaste lejos del reino.


—Yo sé cómo— dijo Olaus, el segundo al mando de Amelia.


Amelia se levantó de la mesa y lo arrojó contra la pared tomándolo del cuello casi a punto de cortarle la respiración.


—¡¿Por qué si sabias de Selene, no lo impediste?!


—No sabía la última parte —decía con esfuerzo al sentir que el aire ya no entraba a sus pulmones—. No sabía que te amaba.


Amelia lo soltó y cayó al piso casi inconsciente...


—Yo fui quien ayudó a Teresa a sacarte del castillo... Fui colocado como guardia por órdenes de Diógenes para ayudar a nuestros hombres a escapar cuando eran presos por el rey, permanecí oculto por muchos años hasta que te saque del castillo por primera vez. Teresa estaba dolida por la muerte de Diógenes y pensaba criarte y ponerte en contra del rey...


—Tú mataras a tu padre —decía Teresa en trance de locura a la pequeña princesa.


—Teresa —decía Olaus—, el rey tiene a todo el ejército buscando por todo el reino, tenemos que marcharnos.


—Regresa al castillo y permanece en tu lugar, Diógenes te colocó ahí por una razón, tienes que volver antes de que descubran tu traición.


Teresa colocó a los hombres en posición para un posible enfrentamiento, pero al ver a sus hombres se dio cuenta que iban a ser superados en cantidad y en armamento. Dio la vuelta y prefirió ordenar la retirada. Los hombres se alejaron sin antes prometerle que vengarían la muerte de Diógenes y arrebatarían el trono al rey. Teresa se quedó con ambas niñas y tomó a una de ellas entre sus brazos.


—Me colocaron en el calabozo —continuó Olaus—. Las noticias corrían por todo el reino, la princesa había sido devuelta a su cuna y Teresa había sido quemada viva por traición a la corona real por tu rapto. Teresa te había dejado en medio del bosque tomando a su hija para marcharse lejos, pero el rey estaba tras ella y cuando la capturó, creyó que la niña que llevaba en sus brazos era su hija. Cuando los rebeldes se enteraron de la muerte de Teresa buscaron a su hija y sólo te encontraron a ti, pensando que eras ella.


—¡¡Lo sabías!! —gritó Amelia.


—No, no lo sabía, sólo me enteraba que te habían encontrado, yo aún trabajaba para el rey, no sabía que esa niña, tú, eres la princesa. Cuando te llevaron presa, los rumores decían que habías traicionado al rey, que estabas con los rebeldes. Cuando el verdugo te llevó, te reconocí e impedí que terminara contigo... y la reina me ordenó que te sacara.


Amelia miró a la anciana como pidiendo una explicación.


—La reina te buscó y cuando supo quien eras te protegió a escondidas del rey e iba a visitarte sin que tú te dieras cuenta. Sin que ella supiera como eras, así estaban las condiciones. Te reconoció al mirar la media luna en tu mano.


—¿Por qué no hablaste antes? —preguntó Amelia sin entender a la anciana.


—Porque nunca creí que llegarías hasta este punto. El rey te había lastimado y tu odio hacia él era bien ganado.


—La lastime —dijo Amelia pensando en las órdenes que les había dado a sus hombres. No le importó nada con respecto a su madre, la reina Anna, porque sin querer vivió el tiempo que debía con ella. Sin que Amelia o Selene se dieran cuenta, la reina Anna tenía siempre una mirada materna para Amelia.


—Nadie tocó a Selene, nadie pudo hacerlo —dijo Olaus—. El lobo jamás permitió que se le acercaran.


Amelia respiró aliviada, pero eso no le quitaba la culpa de todo lo que le hizo, al hacerle pasar hambre y frío. Se preguntó por qué no fue a verla todas esas tantas veces que quería, aunque sus intenciones sólo eran ir a lastimarla más. Pero eso le hubiera hecho conocerla y saber que ella era la persona que se escondía en su corazón. Salió de su campamento con prisa y montó su caballo. Terryes empezó a ladrar y Amelia lo miró con rencor porque él si pudo reconocer a Selene. Le dio un golpe en las costillas al caballo para echarlo a andar. Se alejó lo más posible de su campamento.


Llegaba el amanecer cuando llegó a la colina donde podía mirar las murallas del castillo. Miró la torre más alta del castillo y se decidió a ir hasta allá. Amelia entró al castillo como lo hizo la primera vez cuando niña. Llegó a la alcoba de Selene sin que nadie se diera cuenta. Después de la muerte del rey Selene quedó a cargo de todo el reino y nunca hubo intención de retirar la orden que había dado el rey. Amelia comprendió que Selene le tenía mucho odio y rencor, así que no iba a decirle nada. Dio la vuelta sin entrar a la alcoba de Selene. Amelia no se dio cuenta que Selene no se encontraba ahí. Desde la torre más alta Selene dio indicaciones a sus hombres para que terminaran con la vida de Amelia apenas la vieran salir del castillo.


—¡¡Amelia!! —gritó Selene desde la torre cuando miró salir a Amelia del portón del castillo.


Varios hombres empezaron a rodearla. Amelia sacó su espada y empezó a luchar contra ellos, ya no le importaba nada. Eran demasiados pare ella sola. Continuó luchando a pesar de las heridas que ya tenía sobre su cuerpo. El rey, antes de morir, había dado la orden de acabar con ella sin importar los rumores que corrían por toda la región. Amelia seguía peleando, esta vez sin fuerza ni voluntad en su corazón.


Selene miraba todo desde arriba sin decir nada, sus ojos estaban llenos de rencor, pero sabía que eso nada aliviaba lo que estaba sintiendo. Una espada atravesó con rapidez su pecho dejándola casi inconsciente, y con esa misma rapidez aquel hombre se la quitó provocándole que se estuviera desangrando. Selene al mirar esa escena se espantó por estar castigando a Amelia. Quería cobrarse lo que le hizo a ella, sin importar lo que había hecho con el rey. Selene sentía remordimiento porque castigaba a Amelia el sufrimiento que le hizo causar sin querer. Amelia no la recordaba, porque si lo hubiera hecho jamás le hubiera permitido siquiera sentir el más mínimo dolor. Amelia quedó tirada sobre el suelo, aún seguía respirando. Esta vez era el fin y lo aceptaba porque sabía que lo merecía. Recordaba la primera vez que besó los labios de Selene, cómo pudo olvidar aquella sensación en su alma. Amelia se culpaba porque su odio fue más grande que su amor y sus recuerdos.


—Amelia —dijo Selene cuando la sujetaba entre sus brazos.


—Selene —Amelia sonrió al verla ahí y saber que era lo único, y lo último que mirarían sus ojos—. Perdóname por olvidarte.


—Perdóname a mí por intentar hacerlo —dijo Selene con lágrimas en sus ojos. Besó sus labios y el sabor a sangre le hizo saber que era el final de todo. Selene se llenó de odio sin dejar que el amor que estaba en su corazón triunfara.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.