"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

9 de diciembre de 2011



III



—¡Amelia! —gritaba con fuerza una persona robusta de mayor edad. Caminaba con pasos lentos hasta donde se encontraba la niña—. Cuántas veces te he dicho que no juegues a orillas del Castillo.


Esos ocho años había crecido con los rebeldes que la cuidaron después de encontrarla a mitad del bosque, había perdido a su madre tres días después de su nacimiento. Después de varios años decidieron entregársela a una familia humilde que vivía a orillas del reino. Amelia sería un blanco perfecto si caía en manos equivocadas, así que decidieron darle una vida llana de paz, mientras ellos se organizaban para atentar contra el rey. Pero hubo una única petición por aquellos hombres al dejarla a cargo de esa familia humilde.


—Promete que no volverás a acercarte al castillo —le decía la anciana a la pequeña Amelia.


—¿Quién es ella? —decía Amelia al mirar a una de las torres del castillo, donde se asomaba una pequeña figura.
 

—Es la princesa —decía la anciana sin mirar hacia arriba—. Promete que no volverás a acercarte al castillo.


—¿Por qué está triste? —decía sin prestarle atención.


—¡Amelia! —gritó para que su vista se fijara en ella—. ¡Promete que no te acercaras más al castillo!


—Sí, lo prometo.


La tomó de la mano, Amelia miraba hacia atrás mientras la anciana la conducía a pasos rápidos hacia la colina. Amelia alcanzó a hacerle un gesto de adiós con la mano a la princesa y miró hacia el frente, pero aun así no pudo evitar dirigir su mirada nuevamente hacia la torre donde la princesa le hizo el mismo gesto con la mano, Amelia sonrió y esta vez se alejó sin poner ninguna resistencia. 


Amelia vivía en una pequeña choza, extrañaba su vida con sus amigos que le enseñaban técnicas de escape y estrategia como juego. Peleaba con ellos con varas simulando una espada, todos creían que tenía el toque de un guerrero como su padre, y valor y coraje de su madre. Era muy inquieta e incapaz de obedecer las ordenas de nadie. Los primeros años, cuando la dejaron con su nueva familia, solía escapar para regresar con sus amigos, permanecía muchos días perdida en el bosque hasta que la encontraban casi muerta.


Muchas veces Amelia exploraba las orillas del castillo planeando una huida, imaginaba sacar a la princesa para que no estuviera triste y enseñarle lo bello de la naturaleza. Desde el día que la vio la primera vez, suplicaba por verla y ser su amiga. Todos los días, después de hacer el recorrido por fuera del castillo, se quedaba con su mirada fija hacia la torre esperando verla de nuevo. No podía quedarse mucho tiempo ya que si tardaba más de medio día en regresar sabía que la buscarían.


Regresaba todos los días y hacía lo mismo, pero esta vez la princesa se asomó por la ventana. Amelia se levantó del frío pasto, saludo con la mano y sonrió. Amelia buscó entre su morral sacando lo que había dentro de él hasta que encontró una manzana que había cortado para la princesa. Desde hacía tiempo que se había convertido en su amiga imaginaria, pensando que jamás iba a poder conocerla en persona. Amelia le enseñó la manzana y miró a todos lados para percatarse de que nadie la viera.


—¿Quieres? —gritó Amelia un tanto en silencio con temor de ser escuchada por los guardias.


La princesa sólo asintió con la cabeza, Amelia volvió a guardar la manzana y esta vez de su morral sacó un pedazo de papel que colocó en el suelo. De sus tantas expediciones alrededor del castillo, había hecho un mapa de cuantas entradas había hacia el castillo y cuantos guardias había en cada una de ellas. Esos años con los rebeldes la habían hecho una persona astuta. Después de analizar el mapa, sonrió y lo guardó en su morral. Sin despedirse de la princesa se alejó sin despegar su cuerpo de las murallas del castillo. Había una puerta que no tenía guardias pero si estaba sellada con un enorme candado. Amelia examinó cada estructura de la puerta y los muros cercanos a ella, sonrió al saber que eso era más fácil que subirse a un árbol. Dentro del castillo su reto más grande era encontrar la alcoba de la princesa sin perderse, dejaba pequeñas marcas en las paredes para que las siguiera de regreso a la salida.


Amelia llegó hasta la alcoba de la princesa.


—Toma —dijo Amelia con una gran sonrisa, y suspiró al saber que había llegado hasta ella sin ninguna dificultad.


Selene la tomó con sus pequeñas manos y sonrió.


—Mi nombre es Selene —dijo tímidamente la princesa.


—¡Como la diosa de la Luna! —decía Amelia— Y eres tan blanca como ella —dijo sonriendo, pero su diversión no duró mucho al no ver agrado de la princesa por ese comentario—. Los guerreros me llaman Amelia.


Permaneció en la alcoba toda la mañana, Amelia le contaba a Selene lo que recordaba de su vida con los guerreros, le hablaba de su arte con la espada y como le enseñaban técnicas de guerra. Amelia miró hacia la ventana extrañando esos momentos, cuando se dio cuenta que el sol ya estaba muy alto, ya pasaba de medio día.


—¡Tengo que irme o vendrán a buscarme! —decía Amelia divertida al fingir preocupación.


—¿Volverás? —preguntó angustiada Selene.


—Lo prometo.


Amelia salió de la alcoba y siguió sus propias marcas para salir del castillo. Se fue todo el camino corriendo entre el bosque y pensando en la vida que llevaba Selene. Sin conocer la naturaleza y jamás salir del castillo, pensaba que ella nunca hubiera soportado una vida así. Llegó a la choza y se encontró a Dora dando de comer a los animales, el deber que era de Amelia de darles de comer a medio día. Amelia prefirió no hacer tanto ruido. Entraba con pasos lentos para que no la escuchara y así evitara sus regaños.


—Debes un explicación Amelia —dijo la mujer sin verla. Amelia hizo una cara de fastidio sabiendo que tenía que mejorar su técnica de escape ante el buen oído que tenía Dora.

2 comentarios:

  1. cuando va a empezar lo divertido??...esas historias tuyas me frustran...q nadie puede ser feliz y ya =P jajaja

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.