"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

6 de diciembre de 2011



XX


Andrea permaneció silenciosa en todo el trayecto. No sabía muy bien a qué iba a la sierra, para qué, con qué sentido, qué la conducía a estar ahí. ¿Cuál sería el propósito de un viaje que no tenía un sentido real? Quizá no se daba cuenta que sólo quería huir de su madre. No quería enfrentar su desprecio, un desprecio que tal vez no podría soportar más. Tenía que pensar bien las cosas, quizá verlas desde una parte más lejana, una perspectiva diferente. Pensar en lo que pasaría si se alejaba para siempre, si podría regresar después por Natalia, en unos años, cuando no tuvieran que depender de sus padres. Pero tenía que pensar primero si tendría el valor de dejarla. Y era obvio que no lo tenía. ¿Por qué la única forma de hacer bien las cosas era hacerlas de mal manera? ¿Qué había más allá de su región? Las personas no iban a cambiar sus creencias y pensamientos. Las miradas y las palabras dirigidas hacia su relación serían las mismas: hostiles y llenas de incomprensión. Los adultos eran extraños a la hora de hablar de sentimientos, arraigados a sus costumbres y a la buena forma de ver las cosas, ellos decían que era lo correcto. ¿Por qué no entendían sus sentimientos?
La sierra no estaba tan lejos de su región, pero tampoco imaginó que estuviera tan cerca, al menos el tiempo recorrido no lo sintió. Andrea no conocía a la abuela de Tania, no conocía a nadie en realidad. Recorrió con la vista el lugar hermoso lleno de naturaleza, tal y como lo recordaba a través de los ojos de su abuela. Los árboles eran más grandes y de un color tan vivo. El viento podía respirarse diferente, más fresco. Parecía que estaba en otro lugar. Era mentira todo lo que había dicho Tania, no parecía tanto un lugar abandonado, las calles estaban empedrabas, había alumbrado público y estaba segura que había agua limpia. Andrea no mostraba tanto interés por conocer más allá del lugar donde vivía, pensaba que todo lo hermoso ya lo había conocido y que no había otra cosa que ver. La región donde vivía conservaba el panorama tranquilo y verde de Chiapas, pero la sierra era aún más verde y hermosa, realmente impresionante.
Su vista se fijó en un enorme edificio que sobresalía de las pequeñas casas que tenían un mismo colorido humilde y generoso, había llegado al lugar indicado. Sus ojos exploraron la edificación desde lejos, que contrastaba entre tanta humildad. No parecía tan impresionante como quizá lo fue al principio, cuando fue recién construido. Sabía que ahí no encontraría nada, su objetivo era algo más importante. No sabía qué, pero no era el visitar un hotel cinco estrellas.
—Andrea —dijo su amiga.
La abuela de Tania les invitó a tomar jugo de naranja que recién había preparado; era lo único que tenía, su llegada fue inesperada y no tenía nada más que ofrecerles. Andrea estaba familiarizada con tanta humildad, sus abuelos, por parte de su padre, también habían vivido en una de las regiones más pobres de Chiapas. Cuando pequeña le gustaba jugar entre la tierra o junto al río cuando iba a visitarlos. La casa de la abuela de Tania era pequeña, acabada por el tiempo: las paredes se caían en cascajos y la madera de puertas y ventas estaba apolillada. Lo único que se preservaba era la inmensidad de su patio, tenía arbustos que rodeaban toda una cerca, que, apostaba, en primavera se llenaban de mil colores. Toda su familia había vivido ahí, generación tras generación, pero ahora les tocaba ver a sus hijos marcharse fuera del estado o del país en busca de algo mejor.
—Beban, para que se refresquen —sugirió. Les sirvió un poco más de jugo—. A pesar de que es invierno, el clima está muy variado durante el día, pero no tarda en hacer frío.
—No estaremos mucho tiempo, abuela —dijo Tania.
—Por lo menos estás hoy aquí —respondió.
Siguió apresurada por atender a sus visitas, ofreciéndoles unas galletas que había encontrado en su cocina. Sus pasos eran cansados como los de Helena, su vista también era casi borrosa. Andrea se preguntaba si había conocido a su abuela. Quería saberlo. Tenía ansias de conocer la historia desde otro punto de vista.
—¿Conoció a Helena Rusenberg? —preguntó impaciente, sin contener sus palabras.
La anciana dejó de buscar algo más en la cocina para ofrecerles. Como si el mero nombre le hubiera volcado los más angustiantes recuerdos. Sus pasos fueron, mucho más lentos, hacia Andrea.
—Se parecía a ti —respondió.
—Es mi abuela.
La mujer esbozó una sonrisa casi burlona, pero dulce.
—Todo el pueblo decía que el destino jamás la alejaría de la sierra, que sería su condena para siempre. ¿Lo fue así?
—No —aseguró Andrea—. Nunca regresó a la sierra desde que se marchó, pero siempre regresaba a Chiapas todos los inviernos.
—¿Por qué?
Andrea tenía que omitir lo más importante, pero la parte lógica valía la pena explicarla.
—El hombre con el que se casó mi abuela es de México —explicaba— y la única hija que tuvieron, mi madre, también se casó con un mexicano originario de aquí, de Chiapas.
La abuela volvió a sonreír de la misma manera.
—¿Ves? Nadie quien perturbe, de cualquier manera, tierra mexicana, escapa de su condena.
—Mi madre y mi abuela fueron felices —respondió.
—La condena no tiene que ser mala, simplemente no escapan de un destino que forjaron aquí. Es lo misterioso que tienen estas tierras y este país. Si fueron felices cuando estuvieron aquí, tienen que volver y ser felices para siempre.
Andrea sonrió, cómo negar sus palabras si ella misma sabía que no dejaría su país por ningún otro, muy a pesar de todo lo malo que había.
—Mi abuela no tuvo la intención de arruinar la sierra.
—Lo sé —contestó la abuela de Tania—. Se miraba en sus ojos toda la ilusión de estar aquí, pero… no sólo era por su trabajo y mucho menos lo que conseguiría al construir un hotel tan impresionante. En su mirada había algo más.
Andrea se quedó callada.
—Cuando se construyó el hotel se perdió mucha tranquilidad en la sierra —dijo la abuela.
Recordó lo verde y lo inmenso que era el lugar donde ahora se encontraba el hotel. Las jardineras que lo rodeaban tenían árboles pequeños y flores de un solo color, perfectamente bien cuidadas. Los turistas, nacionales e internacionales, llegaban en todas las temporadas, y mucho más cuando eran vacaciones. Sí hubo un progreso significativo en la sierra desde su construcción, había empleos seguros y entraba más dinero al estado. Pero muchos otros se mantuvieron en su dignidad de no aceptar nada, como la abuela de Tania.
—Sin importar nada, al final se construyó el hotel…, pero hubo alguien que luchó hasta el último día. Aún se le puede ver por el pueblo.
—¿El doctor Adrián? —preguntó Andrea.
Sabía que era el único que podía permanecer ahí y seguir con la lucha que a Lorena le hubiera gustado mantener hasta el final.
—Sí, aunque se marchó varios años después, dicen que se casó y ahora está trabajando en una comunidad de Jalisco. Es un buen hombre, a veces viene con su familia de vacaciones o viene el solo —dijo.
Andrea estaba confundida, de quién estaba hablando entonces la abuela de Tania, no conocía a nadie más que hubiera luchado por boicotear una construcción tan impresionante.
—La doctora Lorena sigue aquí —dijo por fin.
—¡¿Lorena?! ¿Está viva?
—¡Claro que sigue viva! —Sonrió la abuela de Tania—. A pesar de su ceguera luchó hasta donde pudo para que el hotel no se construyera. Sigue viviendo en la parte más alta de la sierra, en la misma cabaña. Nunca quiso aceptar ayuda de nadie ni vivir más cerca del pueblo. Aprendió a vivir sola, siempre ha mostrado coraje y una alegría por la vida.
Andrea dejó de escuchar las palabras de la abuela, lo que quería escuchar había entrado lo suficiente a sus oídos. No podía creerlo. Siguió un camino que creyó no tener sentido, una historia y un pasado. ¿Cómo buscar más preguntas? ¿Dónde buscar más respuestas para ver si la respuesta era la correcta, y…, en verdad lo era, es por lo que tanto estaba pidiendo? No sabía si valía la pena que su abuela sufriera tantos años sin conocer una verdad. Con qué motivo hacerle creer que Lorena estaba enamorada de ella. Andrea estaba segura que sí, pero necesitaba pruebas, unas que sólo podía darle Lorena y estaba dispuesta a buscarlas.
—¡¿Dónde está Lorena?! ¡¿Dónde está su cabaña?!

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.