"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

2 de diciembre de 2011



XVII

 
Regresó a casa y se sentó en la mecedora de Helena. Pensaba en lo que fue de la vida de su abuela con Lorena y en la vida de ella con Natalia. Se preguntaba cómo es que Helena pudo lograr vivir sin el amor de Lorena. De qué manera se puede soportar tanto dolor por la muerte de la persona que se ama y de vivir una vida sin ella.
—Andrea, ve adentro, hace mucho frío —sugirió Helena desde la puerta.
—¿Cómo soportaste la muerte de Lorena? ¿Cómo pudiste estar sin ella? —preguntó instintivamente. No podía imaginar vivir una vida sin la persona amada. Cómo estar sin lo que te hace crear tanta magia en el corazón.
—Nunca supe hacerlo, Andrea —decía—. Es por eso que regreso a Chiapas todos los inviernos.
—Las nubes de invierno —pensó Andrea, recordando todas las veces en que su abuela miraba hacia el cielo y creía que lo hacía sin sentido. Nunca creyó que lo hiciera para recordar un bello amor.
—Sí, las nubes de invierno.
Para Andrea todo estaba confuso en su cabeza, se preguntaba cómo se podía amar a una persona que no se ve, que no se siente, pero siempre está contigo; donde la sientes a tu lado y, sin embargo, no está ahí. Una historia donde pudieron existir palabras bonitas. Promesas que se cumplirían o no se cumplirían; pero están ahí, como un sentimiento abarcando por completo el alma. Sólo se desea sentir con toda la fuerza incontenible; seguir amando, seguir luchando…, sin nada más que esperar que una vida a su lado, un destino cierto y una vida hecha por amor.
¿Cómo se vive sin lo que te da la vida?
—¿Y por qué no vas a la sierra, donde estaba Lorena? —preguntó Andrea intrigada.
La sierra no estaba muy lejos de donde vivían; por qué no ir al lugar donde en verdad estuvo Lorena y donde permanecen tan bellos recuerdos.
—Eso es mucho para mí.
Helena se metió a la casa dejando a su nieta con miles de preguntas en su cabeza. Andrea pensaba y no dejaba de pensar. ¿De dónde se obtiene el valor para continuar sin quien te da la vida? ¿El valor se toma de la esperanza, del amor o simplemente una ilusión? ¿Quién te hace continuar? Quién te dice que volverás a ser feliz y que volverás a amar de la misma manera. ¿Quién te asegura que todo estará bien? Nada retornaba a lo mismo, no se ama de la misma manera, quizá se ama más, quizá menos, pero no de igual manera. Lo sabía, si no fuera así, Helena no volvería todos los inviernos a Chiapas. Pero también encontró el amor una vez más y una razón para continuar.
Se metió muy entrada la noche porque había dejado que la tarde se pasara invisible ante sus ojos interrogantes. Estaba cansada de pensar en tantas cosas sin encontrar una respuesta razonable. Subió a su habitación y cerró la puerta con llave. La luz de la lámpara de la calle se filtraba por su ventana y alumbraba su habitación. Vio la sombra del inmenso árbol de su jardín y de las hojas que caían con lentitud. Le gustaba verlas en otoño, aunque era invierno, algunas seguían cayendo. Se acercó a la ventana y cuando miró hacia la calle se sorprendió al ver a Natalia frente a su casa. Bajó rápido, sin hacer tanto ruido, no quería que Patricia se despertara. Salió a la calle pensando que fue su imaginación, pero no, Natalia estaba afuera y temblaba de frío.
Corrió hacia ella sin entender lo que estaba pasando.
—¿Qué haces aquí?
—Tenía frío y el estar cerca de ti se me quita —dijo, sonriendo temerosa.
Andrea la abrazó con fuerza.
—Natalia, no deberías estar aquí. Vas a enfermar.
—Quería estar cerca de ti…
La apartó de sus brazos, tan extrañada. Su cuerpo se sentía muy frágil y débil. Natalia tenía la mirada al piso llena de una profunda tristeza, como si intentara explicarse lo que estaba haciendo y por qué lo estaba haciendo.
—Te amo —dijo Natalia, sin mirarla.
Qué había detrás de unas palabras que no le gustaba decir tanto. Había muchas otras con que expresar su amor. No las decía porque era algo que siempre estaba implícito en ella. ¿Con qué propósito las mencionaba como si fuera lo último que su boca tuviera la oportunidad de decir? Andrea no necesitaba mencionarlas o escucharlas. No las necesitaba desde la primera vez que se las dijo. ¿Por qué ahora lo hacía?
Andrea levantó su carita triste para que mirara sus ojos, se dio cuenta que su brillo verde se notaba cansado y confundido. Natalia no quería encontrar sus miradas, se sentía avergonzada de algo que aún no conocía, pero sabía que lastimaría su relación.
—Yo también a ti —aseguró Andrea.
—¿Por qué siento tanto frío?
Las lágrimas empezaban a asomarse a sus ojos verdes.
—Porque es normal, tontita… Estamos en invierno, es casi media noche, estás a media calle y en pijama —parecía que no la convencía con su respuesta—. Ven, vamos adentro.
La llevó hasta su habitación. No le importó en lo absoluto si se encontraba con Patricia por el camino. Estaba dispuesta a confrontar cualquier circunstancia que se presentara, no quería alejarse de Natalia en ese momento y tampoco quería que regresara a su casa. Parecía asustada, sentía que tenía miedo, pero no sabía de qué o por qué.
Andrea la recostó en su cama y la abrazó con fuerza. Entre más la tenía cerca, más profundo era el amor por ella.
—¿Tienes frío?
—No. Así no tengo frío —respondió. La abrazó con fuerza, refugiándose en su tibio pecho—. No puedo sentir más frío.
—Bien, ahora cierra los ojos y duerme —le ordenó.
Cerró por un instante los ojos. El calor de la cama de Andrea era diferente a la suya, se sentía más reconfortante y seguro. Tenía sus brazos resguardando su cuerpo, sabía que entre ellos nada malo podía pasar. Lo sabía. Pero no le fue suficiente esta vez. Vinieron a su mente imágenes que no quería recordar. 
—No puedo dormir…, no quiero dormir —dijo, mirándola con tristeza.
—Claro que puedes —aseguraba acariciando su rostro—. Sólo cierra los ojitos y piensa en cosas bellas, piensa en… ¿qué es lo que más te gusta del mundo? —preguntó.
—Tú —contestó sonriendo.
Besó su frente, atrajo a Natalia más a sus brazos y terminó diciéndole:
—Entonces cierra los ojos… y sueña conmigo.
Era tan grande la calidez que ambas sentían en la noche de invierno, que el sueño más profundo se apoderó de ellas sin poder evitarlo. Esta vez Natalia durmió sin pesadillas, sin frío y con la seguridad de que Andrea estaría ahí a su lado, cuidando de sus sueños. No quería nada más que el calor de su cuerpo junto al suyo para siempre.


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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.