"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

2 de diciembre de 2011



XVIII

El viento soplaba frío por la mañana, las nubes espesas no dejaban que el sol alboreara por completo el cielo. Se aproximaba el invierno. Helena miraba desde la puerta sus dos almas unidas en un abrazo. No entendía por qué su relación tenía que batallar con el desprecio del mundo. No había nada malo en la pureza de sus sentimientos.
—Andrea, despierta —decía Helena, casi en susurros para no asustarla. La escena tenía que ser cambiada antes de que Patricia perturbara su lindo sueño—. Tienen que irse.
Andrea se incorporó sobre sus codos, los ojos no los podía abrir por completo, le pesaban los parpados de sueño. Su visión era borrosa, apenas recordando lo que hubo pasado la noche anterior. Sintió su cama más cálida y pesada. Había un aroma dulce que no le pertenecía a ella, sabía que no estaba sola, fue cuando los recuerdos le vinieron de golpe. Miró a un costado, Natalia abrió los ojos y le sonrió como si despertara con ella todos los días. Suspiró y volvió a cerrar los ojos.
—¿Tú quién eres? —preguntó Andrea.
Natalia abrió los ojos.
—Creo que la persona que te ama —susurró, dando la vuelta para seguir durmiendo.
—¿Crees?
Andrea acomodó su almohada, no podía mantener los ojos abiertos. Cayó junto a Natalia para dormir. Entrelazó sus manos con las de ella para que la siguiera acompañando en sus sueños y que nada más importara.
Se acercó a su oído y le dijo:
—Yo también creo que lo eres.
Helena se quedó conmovida, era obvio que no podían disimular más su amor, ni negarlo ante nadie. Si fuera por ella las dejaría dormir todo el día y que despertaran con el olor de las primeras galletas de jengibre saliendo del horno. Pero sabía que su silencio por la historia de su vida no hizo más que dejar al mundo en un punto de ignorancia y a su hija Patricia hundida hasta el fondo. Sintió resentimiento por ella misma; no fue capaz de mostrar su valor y su amor a los demás.
—¡Andrea! —esta vez gritó.
Natalia se levantó asustada cuando la escuchó. Se dio cuenta que no estaba en su habitación y que no sólo había tenido un sueño hermoso, en verdad había compartido toda su noche con Andrea. Miró a Helena y agachó la mirada. No se dio cuenta, cuando despertó la primera vez, que estaba ahí.
—S-señora —decía avergonzada—, ¿cuánto tiempo lleva aquí?
—El suficiente para saber que en realidad eres la persona que ama a mi nieta —aseguró Helena.
Natalia alzó la mirada para sonrojarse.
—Yo no creo ser la persona que la ama, no lo creo. Estoy segura que sí lo soy —dijo Natalia, sin mostrar ningún atisbo de duda en sus palabras.
Quería asegurarle a Helena que no tenía miedo de lo que ella pudiera hacer y mucho menos de lo que hizo. Debía demostrarle que sí tenía el valor que se necesitaba para estar con Andrea y que iba a defender su relación hasta donde su fuerza se lo permitiera.
—Quiero a Andrea y lucharé para que esté conmigo, seguiré hasta donde me sea posible… y hasta donde no pueda más, lo seguiré intentando.
Helena se impresionó por sus palabras. Natalia a su corta edad estaba segura de sus sentimientos, cosa que a ella le costó entender muchos años de su vida. De todas las veces que llegó a enamorarse siempre había un poco de miedo y de inseguridad y dejó escapar buenos sentimientos. Las miró a las dos, tenían tanto tiempo por delante y tantas cosas por compartir. Había hecho lo correcto para que ellas empezaran a ganar su batalla contra el mundo. Nunca imaginó que su amor fuera tan grande. Pensó que se rendirían a la primera batalla fuerte y que dejarían sus sentimientos a la resignación.
—Lo sé, hija —decía Helena, con una sonrisa—, pero tienen que irse.
—Gracias, abuela —dijo Andrea.
Natalia llevó todo el camino arrastrando lo grande del pantalón de su pijama, no tuvo tiempo de hacerla en dobleces para dejarla justo a su medida, tenían que salir lo antes posible antes de que Patricia se diera cuenta. La chaqueta que cubría su cuerpo era de Andrea. Habían tenido la noche más dulce y tranquila de su vida. Lo sabían, no tenían nada más que decirse. Dejó a Natalia en su casa antes de que sus padres se dieran cuenta que no había dormido en su habitación, era muy de mañana como para que estuviera fuera de casa. Nunca hubo necesidad de vigilarla, había madurez en sus actos desde pequeña, la razón la dominaba siempre, parecía tener la cordura y conciencia que no tenía Andrea. Era incapaz de actuar de mala fe con las personas, siempre había ternura en sus palabras y gestos de bondad. Natalia era como un ángel que había bajado para cambiar al mundo, Andrea siempre lo pensó así desde el día que fijó sus ojos en los suyos. Fue una visión casi irreal para ella. Miró sus ojos verdes. Nunca le contó a nadie de la primera vez que vio a Natalia, quizá tenía la idea de que nadie le creería todo lo que despertó en ella.
Andrea le robó un beso.
—Te dije que tendría buenas noches y muy dulces sueños contigo.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.