"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

9 de diciembre de 2011



I



Era tanto el silencio en el enorme salón que podía escucharse como el cuero cortaba el viento entre cada viaje de la nada hasta posarse sobre la ya lastimada piel. Habían sido tantos los azotes que sus ropas estaban desgarradas tanto como su espalda. La mirada atónita y desconcertada entre todos los presentes. La multitud de personas, nobles y plebeyos se habían reunido para ver el castigo de quien había perturbado la paz del reino. Aquellos murmullos eran silenciados por el único llanto desesperado de una joven persona. El rey miraba todo con ira y desprecio. Ni siquiera podía alegrarse tras aquello que todo mundo había considerado como una victoria, y muchos otros ya habían visto terminado su reino. El salvajismo del rey había quedado descubierto. Castigaba sin piedad a sus enemigos sin importar de quién se trataba.


—¡¡Padre, ya fue suficiente!! —gritó con desesperación la princesa.


Se posaba a los pies del rey rogándole por su perdón. Su noble corazón nunca soportó tales castigos con cualquier persona de su reino, incluso ni con los propios enemigos de su padre. Ahora le dolía más que nunca el castigo que estaba presenciando.


El rey ignoraba cualquier suplica de su bella hija, los ojos de la reina Anna preferían no mirar aquel acto que le rompía por completo el alma al no poder hacer nada por ayudarla. Su corazón se destrozaba al escuchar el sonido del látigo impactándose con fuerza contra la piel de su hija. La mirada del rey estaba fija ante otra mirada, que en cada golpe del látigo contra su espalda se aferraban más sus manos a las cadenas para que el dolor no le hiciera caer al piso, no había cometido ninguna falta como para humillarse. El llanto de la joven princesa era el único sonido que acompañaba el crujir del látigo cuando rompía el viento.


Amelia no soportó ni un golpe más y terminó por caer de rodillas. Miró a la joven princesa y una lágrima acompañó una sonrisa en su rostro antes de desvanecerse y dejarse caer al piso. Casi inconsciente alcanzó a escuchar al rey decirle al verdugo que continuara con su trabajo no importando que ya no sintiera nada. Amelia no sentía dolor a pesar de sentir el látigo contra su espalda, sus sentidos poco a poco se iban de su cuerpo, sabía que pronto moriría...


Selene corrió hasta donde Amelia ya se encontraba casi muerta. Se tendió sobre su cuerpo impidiendo que el verdugo continuara con los azotes.


—¡Aléjate de ella! —sugirió con ira el rey—. ¡Debe ser castigada con la muerte! ¡¡Su traición merece la muerte!!


—¡No hizo nada! —gritaba la princesa— ¡¡No si sólo la castigas porque estoy enamorada de ella!!


El silencio fue aún mucho más grande que antes, todos pensaban que se le castigaba por conspirar contra el reino. Nunca se hablaba de cuál había sido en realidad el delito que había hecho. Muchos se preguntaban qué peligro podía dar una mujer de escasos dieciocho años, que encima era amiga de la princesa desde la infancia, y era jefe de la guardia real por las habilidades que tenía.


—¡¡Largo!! —gritaba el rey con desesperación— ¡¡Todos fuera!!... ¡¡Largo de aquí!!


La muchedumbre se alejó aterrorizada por la ira del rey. Lo que habían escuchado terminaría con su reino, ya que Selene estaba preparada para desposarse con el príncipe del reino vecino, eso era un seguro para el rey de manejar ambos reinos bajo sus reglas. El rey llegó hasta la princesa, sólo quedaron cinco personas: una ya casi estaba sin vida, y la reina había perdido toda consciencia al ver el sufrimiento de su hija, al ver la clase de tirano que era el rey. El verdugo no tenía movimiento alguno, no sabía si seguir con el castigo o no, no quería lastimar a la princesa que casi estaba posada sobre el cuerpo de Amelia para protegerla. El rey tomó a Selene del brazo y la arrastró lejos de ella.


—¡Llévala al calabozo y termina con el trabajo!! —dijo el rey al verdugo. Terminar con el trabajo, significaba acabar con su vida.
 

El verdugo levantó el cuerpo de Amelia que lucía ligero y sin vida. La princesa intentó que no se la llevaran, pero qué podía hacer ante la fuerza de su padre.


Amelia fue depositada en una de las celdas del castillo, aún estaba con vida, pero no faltaba mucho para su muerte, así que el verdugo no vio la necesidad de matarla él mismo, ni en ese preciso momento. Ya era pasada la media noche cuando una silueta se asomaba entre los guardias, vestía con una capucha que impedía ver su rostro entre las luces de las antorchas. Los guardias se pusieron en pie para impedirle el paso hacia las celdas, pero cuando vieron su rostro se inclinaron en acto de reverencia y permitieron su paso a las celdas sin pedir explicaciones.


Llegó a la celda de Amelia, que se encontraba entre las más oscuras, donde muchos tiranos habían respirado por última vez. Se acercó al rostro de Amelia y depositó un pequeño beso en su frente. Amelia abrió los ojos al sentir esa suavidad, ese contacto había traído recuerdos a su mente, como cuando era pequeña. Ese mismo calor que sentía cuando enfermaba, siempre pensó que era un delirio, esta vez no pensaba lo contrario...


—¿Madre? —dijo en suspiros de dolor.


—Estarás bien, te sacaré de aquí.


Uno de los guardias que cuidaba de Amelia, el mismo que se aseguró de convencer al verdugo que no había necesidad de matarla si ya pronto se acercaría su muerte, miraba hacia la celda un tanto temeroso por su vida.


—Tienes que sacarla y llevarla lejos —le decía en susurros para que los demás no la escucharan—. Mañana a primera hora anuncias su muerte, esto quedara sólo entre tú y yo.


—Si su majestad.


La reina salió de las celdas y distrajo por un momento a los demás guardias para que pudiera sacar a Amelia sin que se dieran cuenta. El guardia la sacó y la alejó del castillo, aún no estaba seguro si sobreviviría. Pero la reina no sabía que ese guardia era un traidor que estaba contra el reino y a favor de uno de los enemigos más poderosos del rey. Llegaron a una colina, el guardia se detuvo e hizo que Amelia abriera los ojos.


—¡¡Mira bien, Amelia!! —decía—. ¡Vendrás por tu venganza, él mató a tu padre y madre!


—Selene —susurró Amelia antes de perder el conocimiento.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.