"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

7 de noviembre de 2011


XI





No existía un secreto que proteger y un amor por el que luchar. No estaba el pretexto o la razón perfecta para salir de casa por la mañana. No hubo una sonrisa o un suspiro antes de dormir. Hasta podía creer que no tenía una razón para continuar. Andrea permanecía recostada en su cama, hacía demasiado frío. No sabía si había dormido por la noche, ni siquiera sentía que estaba con vida. Sus ojos le ardían tanto que parecía no haber dormido en muchos días. Sentía su pecho frío y pesado, como si tuviera fiebre desde hace muchos días. Miró el techo y sus lágrimas parecían escurrir sin querer. No tenía pensamientos en su cabeza. Necesitaba algo que la hiciera enfrentarse a la realidad. Se preguntaba dónde estaba todo el valor que presumía tener, dónde estaba el coraje por defender un amor y dónde estaba la fuerza que le demostraría al mundo.

—¿Conoces la palabra valor? —preguntó una voz delicada desde la puerta.

Andrea cerraba y abría los ojos, esperando que todos sus sentimientos de miedo se fueran en un segundo. Siguió sin movimiento alguno. Sentía que su pecho se rompía más. Las palabras no podían salir de su boca, no como las lágrimas que salían con facilidad de sus ojos. Sintió como su abuela se sentó en su cama. Su corazón volvió a sentir tanta angustia y sus lágrimas cayeron con más desesperación. Sus labios temblaban y su mandíbula se contrajo con fuerza para que de su boca no salieran gritos de dolor. ¿Quién tuvo tanta mezquindad para hacerle daño? No lo merecía. Lloraba tan en silencio que sus lágrimas parecían no pertenecerle.

—Valor —se dijo Andrea con tristeza, como esperando que su valor volviera y la despertara para continuar con su vida a lado de Natalia.

—Tienes valor y mucho, Andrea —le decía su abuela, con ternura—. Necesitas demostrarlo. Si ella dice que te quiere es porque en verdad lo siente. Piensa cómo está Natalia en estos momentos cuando no sabe nada de ti.

—Tengo miedo —miró a su abuela con tristeza—. Y si también la expulsaron de la escuela, no sé cómo me sentiría frente a Natalia…, no sé si pueda perdonarme.

—No fue tu culpa. Natalia sabe que nunca hay razones necesarias ni suficientes para dejar a quien se ama de verdad. Tú la amas y ella te ama a ti. Si crees en el amor, debes hacer que el mundo crea en el amor de ustedes dos.

—¿Cómo? —preguntó con amargura.

—Con amor, es lo único que tienes y es la mejor arma que puedes tener —respondió.

Helena tenía razón. El amor había sido la respuesta que hubo difuminado sus miedos cuando se dio cuenta que se había enamorado de Natalia, cuando sus sentimientos salieron libremente para encontrar una respuesta positiva. Desde entonces vio su mundo diferente, más vivo y hermoso, a pesar de las dificultades que tenía. Se levantó rápido y empezó a vestirse con lo primero que encontró en su armario. Acomodó su cabello y salió de la habitación. Las palabras de su abuela la despertaron. Helena sabía que Andrea no podía tener miedo, porque entonces su amor no era tan fuerte como lo creía.

Andrea bajó las escaleras con prisa, con la necesidad impetuosa de ver a Natalia y permanecer a su lado para siempre. No sabía lo que le diría, sólo esperaba que las palabras no se quedaran en ella, tenía que contarle sus deseos y la forma en que ella los hacía más vivos. Su amor era su arma principal para idear la mejor manera de ganar su batalla.

Su madre la encontró cuando abría la puerta para salir. Parecía que la vigilaba a todas horas y pensaba hacerle imposible la vida, mucho más.

—¿Adónde vas? —preguntó.

—¡No te importa! —estaba por cerrar la puerta, pero pensó en las palabras que Helena le había dicho: «Debes hacer que el mundo crea en el amor de ustedes dos». Cerró la puerta y miró a Patricia. Esta vez no había odio, no había indiferencia en su mirada, había seguridad y confianza—. Buscaré a Natalia, no me importa lo que pienses tú o lo que piense el resto del mundo.

Dio la vuelta, parecía que empezaba a ganar su batalla con humildad. Abrió la puerta para salir, no quería una palabra más de Patricia.

—Y lo que piensen los padres de Natalia, ¿tampoco te importa? —preguntó con altanería.

Andrea se detuvo de golpe, miró una vez más a Patricia. La expresión en sus ojos y su rostro no cambió por su pregunta. Su única respuesta fue sonreírle, no le interesaba nada más que buscar a Natalia.

—No, mamá. No me importa —dijo, y salió.

Lo sabía toda la escuela, ni siquiera era cuestión de tiempo, estaba segura que toda la región lo sabía. Evitó las miradas y los saludos de sus vecinos. Se sintió agredida de forma paranoica, sus vecinos habían sido siempre amables. Caminó muy rápido hasta llegar a la escuela, pensando que de esa manera no podría acobardarse hasta llegar al lugar adecuado y no arrepentirse de la decisión que había tomado al salir de su casa. Se detuvo al otro lado de la calle, frente a la escuela. El miedo se había apoderado de su cuerpo sin poder evitarlo. Las palabras de Helena en un instante se desvanecieron de su cabeza. Debía razonar y decidir por ella misma. No le gustaba, pero la decisión estaba tomada. Tenía que aceptar que si podía ver a Natalia en la escuela, debía alejarse por amor y dejarla continuar con sus sueños. Si no llegaba, eso significaba que también la expulsaron y tenía que enfrentarse a ella con mucho más coraje y valor.

—Natalia… —murmuró con tristeza.

Era tarde, la hora de entrada estaba por terminar y Natalia no llegaba. Andrea seguía detrás del enorme árbol que estaba enfrente, no quería que se dieran cuenta que estaba ahí. Vio a algunos de sus compañeros, con sus vidas felices, con la rutina de siempre, incapaces de entender por lo que estaba pasando. Miró a Tania entrar, ahí estaba su mejor amiga, su única aliada dentro de la escuela. Volvió a sentir el miedo abrasador consumir toda su esperanza, sólo había dos personas que la apoyaban. ¿Qué haría con el resto del mundo? Eran más enemigos que solo dos amigos. Otra vez el valor de su amor se fue. Todo se veía imposible.

Después de unos minutos vio a Natalia doblar la esquina. Su corazón se aceleró de alegría cuando miró la belleza de la inocencia y la ternura reflejarse en su rostro. ¿Qué haría con el mundo si su mundo era ella? No tenía que querer a nadie más que a Natalia, defenderla y cuidarla hasta el final. Crear su propio mundo debía ser su siguiente paso y no refugiarse en el mundo cobarde de los demás. No en su cobardía. Sintió unas inmensas ganas de abrazarla, de besarla y decirle que la amaba más que a nadie, pero esta vez se conformó con mirarla a lo lejos, callarse todas sus emociones y todos sus sentimientos.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.