"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

7 de noviembre de 2011




III


El reloj marcaba una hora diferente, mostrando un cielo azul intenso y un poco más claro hacia el horizonte. Los escenarios estaban colmados de distintos matices, entre el verde y el ocre de las hojas de los árboles; lo húmedo de la tierra y la hojarasca estancada en los caminos. El viento soplaba más fresco y limpio, yendo de manera sutil, incapaz de desprender las hojas muertas de las ramas. Los pájaros se paseaban entre los cielos, dejando escapar su suave cantico. La mañana era hermosa en la sierra de Chiapas, un tanto mística por toda la nubosidad que la escondía. Lorena nunca se imaginó lo que encontraría al abandonar por completo su vida en la ciudad; tan diferente el ambiente de un lugar a otro. Se había encontrado un mundo distinto, como poco lo imaginó: escenarios realmente hermosos en cada estación a lo largo del año; situaciones riesgosas por las malas temporadas; y personas siempre cambiantes. Por mucho tiempo recordó el sentimiento de incertidumbre que no podía abandonarla mientras hacía los preparativos para su viaje; dejaría a sus amigos y familia. Nunca dudó en marcharse hacia la sierra, sabía que era su mejor decisión. No tenía la seguridad de nada, si las cosas iban a mejorar o a empeorar, no lo sabía. Las personas con las que se cruzaría en su camino serían totalmente distintas, con sentimientos inciertos. Jamás olvidaría el recibimiento que obtuvo al llegar a la sierra. Se sintió como la nueva maestra que daría clases a la única escuela o como el párroco de la iglesia, la cual casi se caía a pedazos. Los habían recibido entre música y comida típica de la región; todos los de la comunidad estuvieron presentes. No lo olvidaría, porque por muchos días se sintió alejada de todos ellos, no podía hallar una empatía, como siempre pensó que la tendría con las personas de Chiapas; hasta que un día algunos niños de la sierra fueron a su consultorio, escondiéndose detrás de la puerta, dejando ver sus ojitos traviesos y sus sonrisas tiernas. Lorena miró en ellos la razón que la había guiado durante toda su carrera. Uno a uno entró a su consultorio a saludarla; la más pequeña tenía tres años, acompañada de su hermano de ocho, que la llevaba de la mano. Tenía frente a ella seis sonrisas dulces e inocentes. Emergió en ella otra vez su propósito en la vida. En su rostro volvió a dibujarse la sonrisa que la vida le había arrebatado injustamente. No escapó de la ciudad para encontrarse a ella misma, ni para tener una razón más para existir. Por mucho tiempo tuvo la idea de necesitar algo o de alguien para vivir, pero después se dio cuenta que no dependía de nadie, solo del destino y de una vida que la atrapaba y al mismo tiempo la dejaba ir sin razón.
—Colega, te lo advertí muchas veces…, esto no tiene regreso. No hay una solución.
Lorena lo miraba del otro lado del escritorio viejo con el que contaban en el hospital. Cruzó los brazos, esperando, queriendo por un segundo, que los resultados de los análisis que habían llegado por la mañana no fueran los de ella. Adrián pasaba las dos hojas por sus manos, quería encontrar la más mínima esperanza, alguna salvación. Lorena miraba sin decir nada, tal vez sin expresión alguna de angustia en su rostro. Era extraño sentirse al otro lado de la mesa, ser el paciente en lugar del médico. Tenía muchos años de no enfermarse, ni siquiera con un leve resfriado. Desde que había entrado a la facultad de medicina, los medicamentos desaparecieron para su cuerpo, hasta parecía como un contrato: ser médico para tener una salud para siempre. La angustia se dibujaba con más fuerza en el rostro de Adrián. En ninguna palabra podía encontrar una solución, todo estaba dicho y los resultados no podían ser cambiados. Lorena se dio cuenta que era más fácil dar las noticias que recibirlas y más cuando las noticias no eran tan buenas.
Adrián cerró el folder, sin darle la oportunidad a Lorena de examinar los resultados. Se quedó pensativo, buscando alternativas, quizá fuera del país. Intentó revisar los análisis una vez más, pero su propia razón lo contuvo. No había oportunidad.
Fijó sus ojos en ella.
—Llevamos más de cinco años en Chiapas —decía Adrián—. Lorena, desde que llegamos a la sierra estuviste expuesta a miles de infecciones, tantos insectos extraños, con enfermedades aún más extrañas…, sabías que…
—¿Cuánto tiempo?
—Eso no sabría decirlo con exactitud.
—¿El próximo invierno? —insistió Lorena, para saber qué tanto le quedaba por sentir.
—Tal vez no, Lorena. Mira, algunos síntomas serán temporales, pero la ceguera será permanente… y después… —Adrián, siendo su amigo y sabiendo la fortaleza de carácter que tenía Lorena, no sabía cómo decirle las cosas— Lorena, tienes que aprovechar esta vida, la luz del sol, lo que más te gusta ver.
—Las nubes de invierno —decía con tristeza—. Un último invierno.
Se levantó. Miró el folder con sus resultados. Quería ver que tan avanzada estaba su enfermedad. Los resultados habían llegado de urgencia desde la ciudad. No podían darle más tiempo. Sus amigos y colegas se habían ofrecido a tratar al paciente en uno de los mejores hospitales de México. Los análisis se habían enviado con el nombre de otra persona, sus amigos no sabían que se trataba de Lorena. Se había alejado lo suficiente de ellos como para siquiera considerar un favor, aunque sabía que lo tendría sin que le pidieran nada a cambio. La razón del alejamiento de Lorena lo sabían muy bien sus amigos y sus familiares. Nadie buscó sacarla de su escondite, porque a pesar de que se había mostrado cobarde, estaba cumpliendo parte de sus sueños. En sus primeros años en la sierra recibía visitas inesperadas de sus amigos, visitas con las que no estaba mucho tiempo, poniendo como excusa el excesivo trabajo que tenía. Y así poco a poco empezaron a dejarla sola, siendo lo mejor para ella.
No tuvo la mayor intención de tomar el folder. No quería saberlo. No quería saber cuántos días y horas tenía. Dio la vuelta y se dirigió a la puerta de salida. Nada más que resignarse a lo que estaba escrito era todo lo que quedaba.
—Tienes que volver a ordenar tu vida —insistía—. Tus prioridades.
—Ya las tengo —respondió—, siempre las he tenido.
—Es tiempo de que regreses a casa, Lorena.
—Estoy en casa.
Miró el cielo. Sus padres hacía mucho que se habían resignado a no verla más. Desde que salió de Morelia, cuando tenía dieciséis, hacia la ciudad de México para estudiar medicina, su verdadera casa, con sus padres y hermanos, dejó de tener importancia. Lorena hubo salido con lo poco que era suyo, casi nada, una maleta con poca ropa fue lo único que la acompañó en su viaje. Regresó muy pocas veces en vacaciones. Su padre siempre la cuestionaba sobre sus decisiones en el amor. Podía ser la hija perfecta, siempre con calificaciones altas en la escuela, una persona amable y cariñosa. Todo lo podía tener para ser una buena hermana e hija, pero sus padres no toleraban sus preferencias sexuales. Era lo único que, según sus padres, estaba mal en ella. Fue uno de los motivos que la orillaron a salir de casa apenas tuvo oportunidad. Quería a su familia, pero si no lograban aceptarla como era, no podía seguir estancándose ahí. Dejó de tener contacto con ellos cuando empezó su servicio social en la sierra de Chiapas, desde entonces las personas que vivían en la ciudad también habían desaparecido, sus amigos sabían muy poco de ella. Estaba tranquila y en paz con todo lo que había vivido en la sierra. No sabía que dentro de su escapatoria del mundo encontraría la libertad para saber cómo era en realidad. Suspiró un sinfín de veces. Tenía tantos recuerdos en su cabeza, sus amigos de la facultad y los niños de la sierra, siempre regalándoles sonrisas y paletas. Era extraño como la vida podía tener la libertad de arrebatarle todo lo que quería. Hasta parecía que le tenía cierto odio o simplemente le gustaba burlarse de Lorena, porque no encontraba nada que le hiciera rendirse, por más obstáculos que le ponía. Esto también lo tomaba como un dulce reto, el último, que sabía no ganaría, pero lo disfrutaría hasta el final.
No vería los cielos colmados de nubes, menos en invierno. Volteó a ver a su amigo como si no pasara nada.
—También te voy a extrañar…




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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.