"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

7 de noviembre de 2011




VII





Nueve camiones con material llegaban, trasportaban arena, varillas…, lo necesario para iniciar la construcción. Detrás de ellos se acercaba lentamente la maquinaría más pesada: ocho tractores, seis máquinas que podían remover la tierra y una que otra excavadora; toda una trágica caravana. Tres camionetas y dos coches llegaron a medio día a la sierra. En uno de ellos llegaba Helena con los inversionistas más importantes y con los ingenieros del proyecto. Parecía una tropa, con un aire de codicia aterradora. Helena bajó de la camioneta y le sorprendió lo hermoso que era el lugar: la frescura del inmenso verde de la sierra. A pesar de que el otoño había pasado, parecía que ni una hoja se había desprendido de los árboles. Algunas hojas seguían verdes y otras tantas tenían un medio colorido naranja. Se veían tan frescas que parecía que nunca iban a lograr caer en invierno y esperarían la primavera sin tanto problema. Era un colorido tan hermoso en la sierra; un sinfín de flores, hojas de distintas especies de árboles, de arbustos varios, ramas caídas que le daban un color café a la tierra, todo se armonizaba con el cielo celeste y con el cantico de las aves que iban de paso, que también tenían colores hermosos. Era un escenario realmente asombroso. Pero Helena quería sorprenderse con la mirada de Lorena, que podía confundirse entre la fuerza del azul del cielo y la tranquilidad y el verde de un valle.

Los pobladores se acercaron a ellos vociferando palabras débiles y temerosas, pero en sus semblantes se reflejaba la valentía con que defenderían su tierra. Los ingenieros se sintieron incomodos ante la turba de gente y, aun así, los miraron indefensos, llenos de una humildad que podían pisotear con cualquier cosa, incluso con el mínimo de dinero ofrecido. Después de un tiempo se habían formado algunos pequeños grupos, entre gente del pueblo y los trabajadores, quizá para convencerlos de que se unieran al proyecto, asegurando una buena paga. Las palabras se habían calmado. Los inversionistas recorrían el lugar, asombrados por tanta belleza, que su codicia la hacía exaltar aún más. Se imaginaban los anuncios publicitarios, vendiendo la sierra como el mejor lugar turístico. Valía pagar cualquier precio por unas buenas vacaciones, la sierra de Chiapas por sí sola lo valía.

Helena buscó entre la multitud a la mujer castaña de mediana estatura. La buscaba con insistencia, no sabía con seguridad por qué tenía unas enormes ganas de verla; en realidad sí lo sabía, pero quería negarse la única posibilidad que hacía arder sus sentimientos. Las manos se estremecían de ansiedad y su corazón parecía que daba un latido fuerte en cada minuto, para después quedarse quieto a esperar, como lo hacía Helena. Miró cada semblante entristecido y enojado. Cada vez que avanzaba más, encontraba rostros humildes con aires de indignación. Escuchaba las palabras de las personas y las ignoraba al mismo tiempo. Siguió buscando, abriéndose paso entre los reclamos. Se sorprendió por no encontrar a Lorena, más que sorprendida, estaba decepcionada. Creyó que estaría defendiendo su tierra desde el primer instante. Helena estaba lista para seguir una segunda batalla con ella.

—¿Estás bien, Lorena? —preguntó Adrián.

La vio tan pensativa mientras bajaban hacia el pueblo.

—Estoy bien, sólo que no entiendo lo que pasa…

Se detuvo a escuchar el cantar de las aves entre los árboles y no le sorprendió en nada la melodía tan bella que escuchaba. El viento también tenía un sonido diferente, acompasándose con todo lo demás, en armonía con las aves y con los árboles.

—Tuve miedo…, mucho miedo, no por no escuchar nada, sentí miedo porque dentro de ese silencio no había nada que extrañara escuchar. No quiero que así sea con todo.

La gente del pueblo no pudo hacer nada. Sin la ayuda de Lorena o Adrián, se sintieron indefensos. Los ingenieros empezaron con el plan de construcción haciendo monitoreo de la zona. Las maquinas se veían pequeñas en comparación de la inmensidad de los árboles que las rodeaban. Sería difícil preparar todo el terreno, pero la tierra era noble, incluso para un fin así. El gasto de las investigaciones preliminares había valido la pena, sabían qué tipo de maquinaría sería la suficiente.

Helena estaba a cargo de todo, así que debía estar desde la colocación de la primera piedra, hasta el corte de inauguración del hotel. Inspeccionó el terreno casi de palmo a palmo, en verdad sería el mejor proyecto de su vida, el más ambicioso por realizar. Cada cierto tiempo se alejaba de su trabajo y buscaba entre la gente a Lorena, pero sus esperanzas eran en vano.

—Son las estructuras del hotel —decía un ingeniero a Helena, mostrándole unos planos y enseñándole la ubicación de las primeras torres—. Empezaremos con la zona sur de la construcción.

—Muy bien —decía Helena, observando los planos—. Me parece perfecto.

—¡A mí no tanto!

Helena se sorprendió cuando escuchó la voz de Lorena detrás de ella, la misma voz enérgica y desafiante que escuchó la primera vez. Sus sentimientos dudosos le impidieron voltear con la rapidez con la que ameritaba el momento. Estaba nerviosa porque la miraría de nuevo, frente a frente. Quería ver sus ojos verde olivo, llenos de un fuerte carácter. Encontrar en ellos una vez más su voluntad por seguir adelante, como en esos minutos de la primera vez. Una razón: quería creer en algo más, y no sabía por qué Lorena le daría los motivos que buscaba. Tenía que averiguarlo. Hasta ese momento fue consciente de que toda su lucha por sacar a flote el proyecto había sido ella, sus ganas de volver a verla. Tenía otra oportunidad, otro proyecto, no tan ambicioso, pero más seguro que la sierra. Ni siquiera le importó que su trabajo estuviera en juego. Convencer a los inversionistas no fue una tarea sencilla, no después de la intervención de Lorena. Ahora estaba ahí, detrás de ella, toda su razón. Pasaron segundos antes de que sus ganas de verla pudieran más que su nerviosismo. Giró hacia Lorena con un poco de torpeza y miedo. No se dio cuenta, ninguna de las dos se dio cuenta, pero sus miradas destellaron al chocar.

—Llega tarde a la cita, Lorena —dijo con una sonrisa.

—No sabía que la teníamos, Helena —contestó, pero sin devolverle la sonrisa.

Sus miradas destellantes y desafiantes, fueron interrumpidas por el motor de una máquina que volcaba la tierra. El tractor intentaba quitar los árboles y arbustos de la zona en construcción. Era imposible creer que desde el primer día empezarían a destruirlo todo.

—¡Alto! —Gritó Lorena, dando pasos rápidos para plantarse frente a la máquina—. ¡Alto ahí!

Helena sonreía, admiraba su coraje y valor.

—Está bien. Hoy no hay más que hacer. Déjalo así Jacob —decía Helena, sonriendo cuando llegó hasta ella—. ¡Es todo por hoy! —gritó, para que se detuviera el proceso de construcción.

—¡¡Y por siempre!! —gritó con la misma intensidad.

Lorena la miró desafiante. Después de un tiempo y sin darse cuenta, sólo pensaba en el azul de sus ojos, que al mismo tiempo los comparaba con el cielo. No los recordaba tan hermosos, incluso no recordaba nada de ella. Al siguiente día de su intervención en Nueva York, viajó a primera hora de regreso a México. Nunca supo si lo que hizo había servido de algo, pero necesitaba volver por su trabajo. Bajó la mirada cuando el tiempo se le hacía eterno y lo único en que pensaba era en lo hermoso de su mirada. Se alejó confundida sin decirle nada.

Helena estiró el brazo para detenerla, pero no había razón para ello, así que la dejó marcharse. No podía tener un tema de conversación que no terminara en pleito y hablarle de un lugar que quería desaparecer no era una buena opción. Nada había salido como lo hubo planeado muchas veces en su cabeza, la jugada había sido distinta una vez más. No había escenario perfecto para ellas, todo sería un completo desastre. Eran pensamientos diferentes, tenían metas distintas en un mismo lugar, pero había llegado hasta ahí. Dio un suspiro de frustración, fue una mala idea usar el proyecto como pretexto, pero de qué otra manera estaría ahí. Las cosas empezaban a tomar un rumbo inapropiado. El primer día había sido muy malo, qué le esperaba para los demás meses que restaban. Eran muchos, tomando en cuenta que destruiría su hogar.

Lorena alcanzó a dar tres pasos y se detuvo sin querer. Había algo distinto en el viento, transportaba un aroma que se le hacía conocido. Giró a Helena extrañada y preguntó:

—¿Rosas?

—Sí.

—Un olor  peculiar —dijo, fríamente.

—Y único —sonrió Helena con altanería.

—Sí, debí suponerlo… Claro, ¿perfume francés? ¿De su propia compañía? —preguntó con ira, ante tanta superficialidad de Helena.

—No. Es único porque no lo encontrarás ni en los mejores almacenes de ningún país, porque fue creado en una única edición y todas las cantidades hechas las conservo yo —dijo, sin dejar de mantener el aire de importancia por un perfume, que en ese momento se convertía en su pase para tener una charla con ella.

Lorena se sintió cada vez más molesta ante Helena, la gran señora de ciudad. Sí, olía a rosas, podía ser peculiar y muy común, había rosas en cualquier parte del país o del mundo. Sabía que Helena hablaba con la verdad al decir que era único, el aroma en ella era diferente, tenía el olor característico de cualquier rosa, pero Helena lo hacía distinto. Miró sus ojos y se enfureció más. Qué podía importarle un lugar lleno de naturaleza a una persona tan superficial. Dio la vuelta y se alejó sin darle más importancia.

—¡Y si las pudieras ver, te darías cuenta de que sólo son rosas rojas…, las más bellas y las mejores! —aclaró, para molestarla.

Lorena se detuvo más molesta, pero no quería seguirle el juego y terminó por marcharse.

—Es muy agradable —decía. Miró de nuevo hacia la dirección donde la silueta de Lorena había desaparecido, sonrió y dio un suspiró—. Muy agradable…

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.