Hoy estoy extrañamente ausente, bueno, desde ayer, bueno desde hace ya varios días. Extraño muchas cosas. Ya quiero regresar a mi hogar. A veces, cuando salgo a una plaza, al cine o un bar. Tengo la sensación de estar en mi "mundo" porque todos esos sitios son iguales en todas partes. Todos los cines, las plazas y los bares son iguales. Pero cuando salgo de ellos, me doy cuenta que no estoy en mi lugar... esta tierra es muy diferente a la mía... y la extraño mucho. Así he estado, sintiendo la ausencia de todo, de estar lejos de casa y lejos de las personas que quieres y te quieren. No tengo un motivo, aún no encuentro un motivo, para estar y continuar aquí. Así que lo más seguro es que regrese a mi hogar, cuando vengan mis hermanitas por mí en junio :D Sí, soy chillona y no aguanto nada, yo no bajé a la tierra a sufrir en vano¬¬... y entonces recordé a alguien que fue importante en mi vida, lo has sido...
Les contaré una historia que hace mucho
escuché, hace tiempo me contaron. Es de esas historias de vida que no llegas a
creer, que piensas que ni en las novelas pasaría o que sólo en las telenovelas
pasa. Mi única reacción fue decirle “¡voy a escribir tu historia!” ella sólo me
sonrió como muy pocas veces la vi hacerlo: con nostalgia, con su mirada de
querer olvidar todo lo que vivió.
Tal vez no deba hacerlo, no tengo su permiso
para contar, pero tampoco quiero que se pierda entre mi mala memoria y entre su
olvido, su ausencia de mí.
En estos días de hastío y frustración me he
acordado tanto de ti. Quisiera tener al menos un poco del carácter y la
voluntad que tú posees. Indiscutiblemente, te admiro demasiado. Ahora que estás
lejos –que estamos lejos, porque yo también me alejé–, he pensado en muchas
cosas que viví contigo, que, como siempre, son de las cosas tan hermosas, que
sólo piensas que las soñaste y que nunca las viviste. Eres la cuarta persona
que me provoca esa extraña sensación, tú conociste a una de ellas y de las
otras dos, sólo me oíste hablar de todo lo que viví a su lado.
Después de que te fuiste, no me dolió tu
ausencia, ni siquiera llegué a un punto de saber que te tenía que extrañar. Era
la vocecita –tu voz– que me decía “voy a regresar antes de tu cumpleaños” y
pasó el cumpleaños, pasó navidad, año nuevo… y el tiempo pasó. Cuando me
dijiste, cuando no quisiste decirme, ¿lo recuerdas? Tu silencio, tu voz
entrecortada, diciendo: “Ya no estoy en Nayarit, estoy en Baja California”. Ahí
fue cuando me di cuenta que ya tenía que empezar a extrañarte, que ya tenía que
empezar a acostumbrarme a tu ausencia… que ya no ibas a volver. Me dolió tanto
y a la vez no sentí nada. No estabas atada a mí, ni yo a ti como para decirte
que regresaras, que aquí estaba tu camino… que el que estabas tomando era
injusto, no lo mereces y nunca estaré de acuerdo con él, nunca.
Pues, ella… mi Sol. Es de las personas a las
que si no llegas a querer, las llegas a admirar con todo el corazón, pero yo
logré las dos cosas, provocó ambas cosas en mí, y lo hizo por lo siguiente:
Es una persona muy razonable, casi llegando a
la frialdad, es buena consejera, una compañía muy extraña, pero muy linda.
Nunca mostraba lástima o compasión, por mucho que te viera sufriendo, nunca lo
hacía, pero sí mostraba mucho cariño y comprensión. Me soportó muchas veces y
me regañó otras tantas. “Tú no eres así”, me repetía con insistencia cuando mi
vida se oscureció y trataba de ser quien no era para soportar tanto dolor.
Sufrió conmigo muchas cosas que a ella no le correspondían, pero estuvo ahí…
siempre ahí.
A veces era demasiado fría para su edad, muy
madura… pero cómo no serlo, cuando a sus catorce años tuvo que valerse por sí
misma, cuando su padre la echó de su casa y su madre le dio la espalda, cuando
el amor de su vida prefirió ser cobarde que luchar junto con ella.
“Te imaginas, princesa, tenía catorce años
cuando mi papá me dijo que me fuera, que no quería verme nunca, que prefería
que estuviera muerta o que me hubiera muerto al nacer. No le importó nada de lo
que me pasara ni correrme de la casa en la noche. No sabía qué hacer, me salí llorando sin poder
recoger nada de mis cosas, no era nada mío según él. No tuve la fuerza de caminar a ningún lado, estaba
todo muy oscuro y tenía miedo, era prácticamente una niña, así me sentí. Recuerdo que sólo me brinqué la barda y dormí en
un corral donde los vecinos guardaban a su caballo”
Creo que no necesito contarles el detalle del
porqué la echaron de su casa. Ese día, que me contaba su vida, la vi
vulnerable, como no volví a verla jamás, bueno, sólo un par de veces más. Esa persona llena de sabiduría, llena
de rigor con sus acciones y decisiones, volvió a ser esa niña de quince años.
No saben lo que se siente tener a una persona así. Ella no necesitaba un
abrazo, ni palabras de ánimo, sólo necesitaba que yo la escuchara, y así lo
hice.
“Estuve varios días quedándome ahí por las
noches. Mi mamá nunca me apoyó, le tenía mucho miedo a mi papá, ni siquiera
quería verme ¿sabes cómo se siente eso?, te sientes la persona más sola del
mundo, llegas a pensar que tu vida ya no tiene ningún sentido. Una tía me llevó
a su casa y pensé que las cosas estarían mejor. Después mi papá no podía ni
verme en la calle porque empezaba a insultarme, pero qué más puede hacer un
tipo que siempre ha sido un borracho y que le duele saber que su única hija es
una marimacho. Tuve que aguantar todo eso por algunos meses”
Algunos padres sólo están para arruinarte la
vida. Lo supe con ella… y con otra persona, que también se encuentra tan lejos
y tan ausente, que todo parece un sueño vago.
“Llegué sola a México cuando terminé la
secundaría. No tenía dónde quedarme. No tenía qué comer. Ni siquiera tenía dinero.
Mi tía sólo me dio para el camión porque quería que me alejara lo más posible
de sus perfectas vidas”
Ya casi estoy llorando, no sé cómo ese día
que me contaba no lloré. Siempre me han dicho que soy una persona muy fría, y
no soy fría, pero llorar frente a alguien, no lo hago muy seguido… las únicas
veces que las personas me han visto llorar, es porque estoy medio ebria. A ella
también le toco verme así, llorar… llorar porque ya no aguantaba tanto dolor
que cargaba en el alma. ¿Qué habrás pensado de mí? Que lloraba por “tonterías”,
cuando tú has pasado por tantas cosas…
“Estuve trabajando un año, en lo que fuera,
quería seguir estudiando y tenía que ahorrar para hacerlo. A veces no comía
nada, nada hasta en tres días, así ahorraba más dinero si no comía por algunos
días”
Aquí es cuando entra mi orgullo por
pertenecer a una de las mejores universidades, la UNAM, tal vez no tenga buena
fama porque son grilleros y revoltosos, que si el gobierno quiere subir las
cuotas de inscripción, los alumnos se van a huelgas y toman escuelas. Lo son,
luchan por una educación gratuita y eso es lo que salvó a mi querida amiga por
mucho tiempo.
“Hice mi examen a la UNAM y lo pasé a la
primera. Seguí trabajando por las tardes. No tuve vida social en mucho tiempo.
En realidad no tuve vida social en toda la preparatoria. Estaba sola, tenía que
trabajar para comprar comida, la renta, para mi camión a la escuela y para las
tareas, los libros. No tenía dinero para divertirme. No me compraba zapatos en
mucho tiempo. Quería ahorrar para estudiar la universidad y ser algo importante
en la vida”
La UNAM es una de las mejores universidades
de América latina, te sale más caro comprar una paleta o un refresco, que pagar
un año de universidad. Lo único malo, o bueno, es que te da muchas facilidades
y demasiada libertad. Y si en verdad quieres salir, sales, sino, te pierdes en
el camino de toda esa libertad que te da la UNAM. Sólo los que en verdad
quieren estudiar, terminan una carrera. O hay veces en que las jugadas del
destino te impiden terminar con tus sueños, ¿verdad, So?
“No sé por qué quise estudiar Ciencias de la
Comunicación. Me gustaba mucho la idea de ser reportera, de estar en la
televisión y sacar de la ignorancia a muchas personas, pero también sabía que
era una carrera muy cara y yo apenas si me mantenía trabajando en las tardes”
Esta es mi parte favorita, porque aquí ella
conoció a una personita a la que ambas adoramos y extrañamos por mucho tiempo.
“Entrando hice el cuestionario para la beca
que te dan para ayudarte económicamente, pero no me la dieron. Y como sea tuve
que trabajar los fines de semana y temporadas en las tardes. No dormía para
cumplir con los trabajos y estudiar en los exámenes. Seguía sin tener amigos,
no tenía tiempo para eso. Esperé un año, mantuve mis calificaciones para llegar
al 9.6 y pedí la beca de aprovechamiento… y no me la dieron porque se la dieron
a una chica que tenía 9.8 de promedio general”
¡Esto es hermoso! Cuando me contó esto, su
rostro cambió totalmente, sus ojitos se iluminaron y no pudo evitar sonreír. Yo
tampoco pude evitar suspirar y sonreír, porque ya medio conocía esa parte de la
historia, pero por labios de la otra persona, la del 9.8 de promedio.
“Me enojé mucho, ella no lo necesitaba, se
podría en dinero. Desde que la vi me cayó mal, siempre alardeando que había ido
a Alemania, a Francia y conocía casi toda Europa, pero que por nada del mundo
cambiaba a México. Me caía tan mal, presumiendo los mejores materiales, que tenía
esto, que tenía lo otro… y yo apenas manteniéndome, necesitaba la beca porque
ya no podía trabajar sin descuidar la escuela”
Volteó a verme y sonrió más… y yo igual.
“Y me enamoré de ella. No sé cómo pasó, pero
hubo el tiempo en que ya no podíamos estar separadas. Estaba muy enamorada. La
beca por aprovechamiento nunca me la dieron, porque ella siempre tenía mejores
calificaciones que yo, no sólo presumía de ello, en verdad era muy inteligente.
Pero sabes, ella me daba el dinero de la beca… era como si mi mujer me
estuviera manteniendo. Después me dieron la beca económica y ya no tuve que
trabajar, porque tenía el dinero de las dos becas. Mi vida empezó a ser
hermosa, todo estaba estable en mi vida, tenía un hogar, estaba estudiando lo
que quería, no me hacía falta el dinero, ya tenía amigos… y tenía a una mujer
muy hermosa que me amaba”
Eso da mucha ternura, pero no todo es tan
lindo… o estúpidamente permitimos que deje de ser lindo.
“Después, pasó lo que ya sabes, terminó
conmigo y así estuvimos por año y medio. Seguíamos tratándonos casi igual, se
preocupaba por mí, hacíamos los trabajos juntas. Pensé que sólo sería cuestión
de tiempo para que me perdonara, para que regresara conmigo… pero después
apareciste tú”
Sí, yo… aparecí yo en sus vidas como un ente
malvado!! jeje...
Ya me tengo que ir, se acabó mi tiempo en
internet… después sigo contando esto, se pone interesante ver cómo mi vida
peligra en manos de la persona a la que terminé por querer... a la que ahora estaría diciendo, si mezclaba sus sentimientos: "regresa" o mejor dicho, no me hubiera dejado ir...
Bueno... luego regreso, digo, a seguir contando esta historia...
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