Parte II.
Karol estaba
nerviosa, no sabía cuál iba a ser la reacción de Mariana. Las dos estaban en
"el vuelo".
—Me gusta este
lugar, es bueno haberlo encontrado, aquí podemos escondernos los días que
hagamos travesuras —decía Mariana con su voz dulce e inocente—, mejor dicho, el
día que tú hagas travesuras.
—Sí —contestó
Karol abatida.
—¿Te pasa algo
Karol? —preguntó preocupada.
Karol era de un
carácter fuerte pero siempre alegre con Mariana. Ahora era el momento de
decirle lo que pasaba, contarle a su mejor amiga su secreto, poner a prueba esa
amistad.
—Mariana, tengo
algo que decirte, y si quieres alejarte de mí después de esto... lo entenderé.
Mariana la miró
sin entender lo que estaba diciendo, sabía que no era algo que la dañaría,
Karol jamás se atrevería a hacerle algo.
—No creo que sea
tan grave, ¡Claro que si me dices que tienes sida, lepra o que te gustan las
chicas, saldré corriendo muy veloz!
Esas palabras le
hicieron entender que Mariana si sentiría asco por ella, pero no había marcha
atrás tenía que confesárselo porque ya no lo soportaba.
—¡Sólo estaba
jugando! —dijo Mariana cuando vio la expresión triste de su amiga— Créeme que
nada sería tan malo como para dejarte, eres mi mejor amiga y nunc...
—En realidad sí,
me gustan las chicas —lo dijo tajante, tenía que aprovechar esas palabras,
tenía que probar si esa amistad en verdad era buena.
Mariana dejó de
sonreír.
—¡Pero no te
preocupes, no me fijaría en ti, porque eres mi mejor amiga! —repuso
rápidamente.
Karol veía la
expresión asustada de Mariana, miró su cuerpo temblar de miedo. Mariana tomó
aire para tranquilizarse y puso una mirada tan fría, Karol sabía que su amistad
ya había terminado.
—¿Sabes?, acabas
de desilusionarme —dijo seriamente.
—Perdóname, si tú
lo quieres no volveré a hablarte.
—¿Así qué no te
fijarías en mí?
Karol quedó
confundida con esa pregunta.
—¿No entiendo?
—Pues yo sí… no
me consideras una mujer de la cual te puedas enamorar —dijo y volvió a sonreír.
—¿Estás jugando
conmigo? —preguntó Karol sonriendo nerviosa.
—Claro que si
tonta, respeto tus gustos... bueno tus nuevos gustos, y tendrás que hacer algo
mejor que esto para alejarte de mí… siempre seremos amigas.
—¿Entonces no me
dejaras de hablar por esto? —preguntó un tanto emocionada.
—Ya te dije que
no, somos amigas.
Karol sonrió con
alivio al escuchar esas palabras.
—Y dime, ¿hay una
persona especial? —dijo Mariana dándole un leve golpe en el costando.
—No, aún no —dijo
sonrojada. Karol pensó en Andie pero por alguna razón no quiso decirle nada.
—¿Sabes qué
puedes confiar en mí?
—¡Lo sé! Lo sé,
sólo que aún no hay nadie en especial.
***
Pasaron algunos años,
su amistad era como siempre, nada había cambiado y Karol nunca se imaginó que
sus sentimientos cambiarían.
—¡Mariana!
—gritaba Karol y venía a toda velocidad para alcanzarla en la salida del
colegio.
Era una mañana
tranquila de otoño y las hojas caían. Algunos alumnos entraban a tomar sus
clases matutinas, mientras Karol venía a toda prisa intentando alcanzar a
Mariana.
—¡Feliz
cumpleaños! —dijo y le acercó una flor.
—¿Tú con flores?
—Mariana sonreía feliz al saber que Karol podía hacer cualquier cosa por ella.
—¿Qué? ¡Es para
ti no para mí! Sabes que no me gustan esas cosas, toma, toma —decía para que
tomara la flor.
—Gracias —dijo y
la abrazó.
—Ya tienes
veintidós años, ya estás vieja —le dijo al oído con un tono de burla.
—Sí, mira que
dentro de un mes tendrás la misma edad que yo —le dijo golpeando su nariz con
la flor y empezó a caminar, Karol la seguía pasos atrás.
—¡No me lo
recuerdes! —Karol paró de reír y suspiró— Pero entre más años tienes, más
hermosa te pones.
Mariana volteó
sorprendida y sonrojada. Karol se paró de golpe impresionada por su propio
comentario. "¿Por qué diablos dije eso?", pensó Karol asustada.
—¿Y tienes planes
para hoy? —preguntó Karol para librarse de ese momento vergonzoso.
—Sí, Saúl me
invitó a comer.
—Ah sí, Saúl
—dijo con cierto enfado— ¿Estarás toda el día con él?
—Sí, creo que sí.
—Ya pasas más
tiempo con él que conmigo —se quejó casi en silencio Karol.
—¿Qué?
—Nada, nada.
Entonces nos vemos mañana.
Karol regresó por
donde había venido dejando a Mariana confundida. "Saúl, ¿Por qué tiene que
estar con él?", pensaba Karol "¿Por qué no?, si es su novio"
tenía una pequeña discusión en su cabeza, "No me importa que sea su novio,
es un idiota no la merece" "Diablos por qué tengo que decir esas
cosas" se daba pequeños golpes en la cabeza, algunos compañeros la veían
por su comportamiento raro. "¿Qué rayos me ven? ¿Qué les importa si estoy
enamorada de mi mejor amiga?", se paró y dio la vuelta hacia la puerta
donde Mariana esperaba a Saúl.
—¿Enamorada?
—casi lo dijo en un suspiro ahogado, saliendo en un susurro a su exterior, pero
quemándole el alma por dentro— ¿Enamorada de Mariana?
"Eso no
puede ser" volvió con su pequeña charla interior "Eso no puede
ser", seguía viendo a Mariana "Le prometiste no enamorarte de
ella". Vio como Saúl llegó donde Mariana lo esperaba, la abrazó y la besó,
Karol sintió un pequeño desajuste en su mundo y una presión tan grande en el
pecho, "Eso no puede ser" Karol apretó sus puños con fuerza "Lo
de ellos no puede ser" avanzó con pasos largos hacia ellos "¿Karol
qué haces? Detente no puedes hacerle esto a Mariana… ¡Rayos Karol detente!",
justo cuando estaba a pasos de llegar a ellos reaccionó y dio la vuelta.
"No puedes hacer eso".
—¡Karol! —gritó
Saúl al verla.
"Maldita sea
qué quiere" pensó Karol y limpió sus ojos que apenas dejaban escapar unas
lágrimas
—Sí —contestó
Karol dándole la más amable sonrisa que podía salir de sus labios para él.
—¿Por qué no
vienes con nosotros? —dijo Saúl, trataba de ganársela, desde hace tiempo siempre
notó un poco de molestia por parte de Karol.
—¡¡Sí!! También
quiero estar contigo hoy —dijo Mariana y tomó la mano de Saúl.
Karol miró las
manos, se sintió confundida, ahogada, triste, miró a Mariana e intentaba que
sus ojos no mostraran su desesperación. Sintió que su alma desfallecía con esa
escena; su cuerpo temblaba, lentamente daba pasos hacia atrás mirando a todos
lados, como intentando escapar de esa pesadilla, hasta que nuevamente se topó
con los ojos verdes de Mariana, le sonrío amargamente, dio la vuelta y salió
corriendo.
—¡Karol! —gritó
Mariana.
Los ojos azules
de Karol empezaban a nublarse con las lágrimas, que una a una le desgarraban el
alma. Corría pero cada paso que daba se le hacía eterno y pesado hasta que
llegó a "el vuelo".
—¡No puede ser!
—decía mientras se dejaba caer al piso y apretaba su cabeza con fuerza— ¡No
puedes enamorarte de ella!
Al día siguiente
Karol estaba nuevamente en "el vuelo" miraba el viejo reloj, pensaba
en Mariana, pero no de la misma manera que antes, sabía que eso no estaba bien,
sabía que debía apagar esos sentimientos y alejarse de ella.
—¡¡Karol!! —gritó
Mariana dándole un leve golpe en la espalda— ¿Qué pasó contigo ayer? ¿Por qué
te fuiste de esa manera?
—No me sentía
bien, tenía ganas de vomitar —dijo.
—¿Ya te sientes
mejor? —preguntó preocupada.
—Sí, yo creo que
fue algo que comí, pero ya me siento mejor.
—¿Sabes qué
necesitas? —se acercó Mariana a Karol muy sospechosa.
—¿Qué? —preguntó Karol
y la miró confundida.
—¡Un abrazo de
una buena amiga! —dijo Mariana y abrazó a Karol.
Karol se sintió
extraña, pero le gustaba esa sensación "Sólo amiga" pensaba Karol
"Tengo que cumplir mi promesa".
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