"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

3 de octubre de 2012


Parte XIV.

Ese día me levanté muy temprano, si no mal recuerdo eran las vacaciones de invierno, muy pocas veces salíamos de viaje. Me bañé y acomodé mi cabello de una forma que parecía ondulado perfectamente, cosa que nunca lograba. Llegué a la casa de Mariana para despertarla, si algo le gustaba más en la vida era dormir hasta muy tarde en vacaciones, cosa que yo también disfrutaba, pero esta vez no lo haría, tenía un objetivo mejor.

―¿Adónde vas? ―me preguntó mientras subía las escaleras a su habitación, como lo dije, aún estaba en pijama y se disponía a seguir durmiendo.

Llegamos a su cuarto y se tiró sobre su cama esperando a que le respondiera la pregunta. Me daba tanta risa cuando estaba adormilada porque no se daba cuenta de nada, podría hacer de todo y ella jamás se daría cuenta.

―Voy a tomar cursos de regularización ―le dije en un tono muy pícaro.

―Ah ―decía Mariana sin mucho interés―. ¿De qué es el curso?

Se tapó con la sábana y se acostó de lado. Me acerqué lo más que pude a la puerta y tome la perilla para abrirla.

―De… mate… maticas ―le dije sin la menor intención de que me escuchara.

No sabía si salir corriendo o esperar que hubiese existido un milagro y que no me escuchara.

―¡¿Qué?! ―gritó casi tirando la sábana al suelo.

―Ya sabes, los números…

―¡Claro! Números… ―se levantó para sermonearme como siempre― ¡Números! ¡¿Y qué es lo que se dificulta, divisiones, sumas, restas, quebrados… las ecuaciones de tercer grado?!

Hizo una pausa y ahí si tuve unas ganas irresistibles de salir corriendo, pero mis pies no quisieron reaccionar. Mi mano se quedó inmóvil sin ninguna intención de abrir la puerta. No sé por qué no puede reaccionar como quería.

―¡Alma! ―continuó con ese tono molesto― ¡Lo que menos necesitas es cursos de matemáticas! ¡Nunca has reprobado esa materia, eres mejor que yo! ¡Has tenido diez desde la primaria! ¡Necesitas cursos de cualquier materia menos matemáticas! Y, espera… ―se quedó callada esperando entender cuál era mi verdadero problema― ¿Quién te dará el curso? ―me miró aún más extrañada y miró mi cabello― ¿¿Qué le pasó a tu cabello??

Ahí mis piernas reaccionaron a la perfección.

―¡¡Se me hace tarde!! ―le gritaba mientras baja rápido las escaleras― ¡Te quiero!

Cuando iba a la mitad de la calle hacía la casa de Alejandra, volteé hacía la casa de Mariana y ahí estaba ella mirándome con ojos de enojo. Sabía que cuando llegara a su casa por la noche, me esperaba otro sermón. Había logrado conseguir que Alejandra se ofreciera a darme cursos de algebra, Mariana tenía razón, todo lo que tenía que ver con las matemáticas para mí no tenía problema alguno, se me daban bien desde siempre. Incluso cuando ni siquiera entraba a todas las clases, me bastaba solo una explicación para entender todo sin problema, era casi un don que Mariana envidiaba de mí.

***

Todo iba a la perfección con Alejandra desde hace unas semanas. A veces simulaba no entender nada para que ella siguiera explicándome. Había veces en que repasábamos el mismo tema varios días, llegué a aburrirme tanto del tema que me daba sueño y ella solo sonreía por mi intento de mantener los ojos abiertos. Y cuando me aburría más, le empezaba a hablar de cualquier cosa. Me gustaba escuchar su voz, era muy madura e interesante. Mi corazón iba bien hasta ese momento, pero no todo puede ser tan perfecto y lo que tanto temía, muy pronto pasó. Estaba en casa de Alejandra y para quitarme el sueño me levanté por un vaso de agua. Ese movimiento hizo que sintiera una presión fuerte en mi pecho.

­―¿Estás bien? ―preguntó Alejandra al verme con mi rostro pálido.

―Sí ―contesté y volví a sentarme.

―No te ves bien ―dijo preocupada.

―Solo me mareé un poco porque me levanté muy rápido ―contesté.

Alejandra se levantó y se acercó a mí. Yo no podía dejar de sujetar mi pecho con fuerza, estaba sudando muy frío y mi respiración se estaba agitando. Alejandra fue a la cocina y me trajo un vaso con agua.

―¿Qué tienes? ―volvió a preguntar muy asustada.

―No lo sé ―contesté―, no sé qué me pasa.

―¿Qué tienes? ―volvió a preguntar con un tono más serio. Sujetó mi cabeza con sus manos para que la viera a los ojos y no le mintiera. Cómo mentirle si ni siquiera sabía en realidad lo que estaba pasando conmigo.

―Me duele el corazón ―solo atiné a decir.

―¿Estás enferma del corazón? ―preguntó aún más asustada.

―No lo sé, pero me duele mucho desde hace algún tiempo.

―Debes visitar a un médico ―sugirió.

―No se lo digas a Mariana, por favor ―supliqué sin saber por qué no quería que ella lo supiera.

Alejandra ya no me dijo nada. Cerró los libros y los apuntes que teníamos sobre la mesa. Fue a la cocina y me trajo un vaso con agua. La tomé y sentí tanto miedo al pensar que ella le podría decir a Mariana lo que me pasaba. No quería que ella lo supiera, no quería asustar y preocuparla.

―¿Quieres recostarte un rato? ―me preguntó.

Me levanté de la mesa y me fui a acostar a unos de sus sofás. Ale se sentó en el que estaba enfrente y solo se dedicó a mirarme.

―No sé lo digas a Mariana ―volví a decirle.

―¿Por qué no quieres que lo sepa? ―preguntó.

―No lo soportaría ―decía mirando al techo. Yo sabía que Mariana era una persona muy fuerte, más fuerte que yo, pero sabía que si se trataba de mí, podía ser la persona más débil del mundo. Miré a Alejandra y le dije―: Nunca voy a dejarla, pase lo que pase… no la voy a dejar sola.

―La quieres mucho, ¿verdad? ―preguntó en una sonrisa tierna.

No supe que contestarle, no porque no supiera la verdad, solo no quería que Alejandra pensara que Mariana me interesara más de lo que ella lo hacía. Mariana si me interesaba más que cualquier otra persona, pero…

―Es lo que más me importa en la vida ―respondí sin querer, porque era la única verdad que existía en mi vida.

―Bien ―dijo en un suspiro.

Creo que mi respuesta la hizo pensar en otra cosa, algo que no quería que pensara. Se levantó y se acercó a mí. Sentí su calor más cerca de mi cuerpo. Algo que hacía que mi piel se erizara y mi corazón latiera rápido. Alejandra me gustaba mucho. Era una atracción que no podía evitar. Sus ojos mirándome. Sus labios hablándome tan cerca. Su piel rozando la mía. En ese momento olvidé el dolor de mi corazón. Olvidé todo… todo lo que pude olvidar.

***
Llegué a casa de Mariana todavía con ese éxtasis que no entendía, sentía que todo a mí alrededor flotaba y que yo flotaba más que todas las cosas. Me subí a su habitación y me recosté sobre su cama. Mariana aún seguía dormida, era muy temprano, incluso para mí.

―Irás a los cursos ―preguntó Mariana bostezando.

―No, esta vez no iré ―dije con una voz, no sé si cansada o soñolienta, o solo era mi sueño mágico del cual no quería despertar.

Mariana se dio la vuelta para mirarme, abrió los ojos y me observó por pocos segundos, y volvió a cerrar los ojos. Pero tardó más en cerrarlos que en volver a abrirlos.

―Mírame ―me dijo en un tono dudoso.

Volteé a ver y le sonreí sin poderlo evitar.

―¡No! ―gritó.

―Sí ―le dije.

―Yo la mato ―decía mientras se levantaba de la cama y buscaba sus zapatos― y después la voy a demandar por perversión de menores.

Así siguió un buen rato, diciendo palabras sin sentido mientras intentaba cambiarse y peinarse el cabello. Se puso una chaqueta y cuando se dio cuenta que se la puso al revés, se la quitó y la arrojó al otro lado de la cama. Estaba completamente roja de enojo, sus ojos estaban de un azul impresionante y no dejaba de balbucear palabras sin sentido. Yo por dentro moría de risa al verla así, pero no se lo demostraba porque sabía que podría enojarse más. Así era Mariana conmigo cuando hacía cosas que no debía hacer.

―¡¡Pero primero la mato y después que la refundan en la cárcel!! ―se fue del otro lado de la cama para buscar su chaqueta.

―Mariana ―le decía para que se calmara―, no tienes que demandar a nadie, mucho menos matar.

―Es una pervertida, eres una menor… tienes que hacerlo con menores ¡Yo la mato! ―dijo arrojando otra vez la chaqueta al otro lado de la cama.

―Mariana… ―intente no decirle, pero no me dejó otra alternativa, porque sabía que era capaz de matarla y luego demandarla― yo… yo la seduje.

Se dejó caer en la cama porque sabía que sí era capaz de hacer eso y mucho más.

―Tú ―dijo Mariana en un suspiro.

Fue tan increíble, claro que no iba a contarle a Mariana detalle por detalle, aparte de que nunca le interesó saber sobre mi vida sexual, pero ella sabía que ya la tenía. Todo lo contrario a ella que pensaba llegar virgen al matrimonio y que bueno, porque hubiera sido capaz de matar a Carlos si no la respetaba. Mariana volteó a verme, sus ojos ya no tenían la rabia de hace un momento. Se recostó a mi lado y volvió a suspirar con resignación.

―Estuvo bien ―dije con una sonrisa tan grande.

Mariana ni siquiera me preguntó nada, dejó que me hundiera yo sola en los recuerdos del momento que consideré casi mágico. Alejandra no tenía ninguna experiencia de estar con una mujer… y yo, bueno, nadie se ha quejado. Con ella fue diferente, fue tal vez una sensación más madura o era en verdad que me estaba enamorando de ella.

―Alma… ―dijo Mariana sujetando mi mano.

―De Mariana ―respondí.

―Y mi corazón siempre tuyo ―dijo y cerró los ojos.

No entendí si lo hizo porque tenía sueño, o solo no quería mirar mis ojos. Esperé por mucho rato a que los abriera, pero no lo hizo en mucho tiempo. Sabía que no estaba dormida, porque siempre que dormía, su respiración era mucho más rápida. Me acosté de lado para mirarla mejor. Era perfecta, toda ella era… lo más hermoso que había mirado en mi vida. ¿Por qué no pude enamorarme de Mariana? Todo hubiera sido tan fácil y bello. Mariana me causaba algo más que amor, un sentimiento extraño, uno del cual, no volví a sentir por nadie.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.