IV
La llevó por varias calles para tomar el
autobús que iba en dirección a un lugar lejano. Se sentaron hasta el lugar más
apartado de las personas, casi donde estaba la puerta de salida. Si Alice
seguía preguntando cosas que no sabía cómo explicarle, tenían que estar lo más
alejado de las personas que no merecían saber de la existencia de seres
inexplicables como lo era ella. Pero Alice permaneció callada, distraída, quizá
buscando una explicación, preguntándose por qué le estaba siguiendo el juego.
Si no quería estar más tiempo con ella, le bastaba con decirlo. No bastaba.
Sabía que en realidad no le bastaba. Por eso estaba ahí, por eso seguiría el
juego hasta el final. Suspiró, pensando en lo absurdo que era el sueño, si es
que era un sueño. Dirigió su mirada por un momento a Faillié. La miró atenta a
lo que había afuera. La cámara la había dejado a un lado de ella, sin
importancia, colgando la correa de sus dedos, que en un segundo soltó por
completo. La recordó entusiasmada por captar las olas del mar, la textura
arenosa de la playa, el viento arrastrando las nubes, los rayos del sol
cristalizados en los charcos de agua. La recordó siempre fijándose en cosas sin
importancia, sin trascendencia. Sólo en ella le parecía extraña la forma rugosa
de la corteza de un árbol, la formación de las nubes antes de una tormenta, las
hojas arrastradas por el viento, los colores varios que había en su entorno; sólo
a Faillié se le hacía impresionante cada una de esas cosas tan simples. Lo que
Alice no sabía era que en realidad Faillié no podía sentir nada de lo que le
asombraba, ni una sola parte de su piel tenía sensaciones, nada podía evocarle
una emoción, ni siquiera de asombro.
Faith-el miró sus manos, por momentos
sentía el ardor de las quemaduras y de las cortadas, que no eran tan profundas.
Acercó su mano a su nariz y olió el aroma que desprendían sus dedos. Olían a
naranja dulce, con un toque agrio. Le había gustado mucho el sabor. Siempre se
preguntó a qué sabía, cuál era la sensación que provocaba la bebida amarilla
que tomaba como su favorita. Le gustó lo fresco que estaba, pero más allá de
eso no pudo sentir nada. Siguió oliendo, esperando que su cuerpo tuviera otra
reacción. No buscaba que su cuerpo la tuviera, buscaba una emoción que sabía no
obtendría. Dejó en paz el aroma agridulce de sus dedos y los pasó por el
cristal de la ventanilla; lo sintió liso, fresco, liso. Una sensación nueva en
la yema de sus dedos. Cada cosa se sentía diferente. Empezó a enfocarse en lo
que sentía su cuerpo, su piel: lo rugoso de su chaqueta, lo frío de la
mezclilla de su pantalón, lo suave de sus calcetas y lo incomodo que se sentían
sus pies, prisioneros entre sus zapatos rígidos. Sintió el calor tibio por
estar en un lugar cerrado, percibió el confort que daba el viento ligero que
llegaba a entrar por las ventanillas abiertas, aliviaba el sofoco del calor
concentrado de las personas. Sintió el cuerpo tibio de Alice. Miró su piel
trigueña, suave, aterciopelada; miró el color claro, casi imperceptible, del
vello de sus brazos. Remangó su chaqueta para que la piel de su brazo se
quedara descubierta. Pudo ver como su piel se erizó por el cambio de
temperatura, pero más allá no obtenía nada. Pegó su brazo al de Alice, fue un movimiento
casi torpe, sin el sigilo que necesitaba su impaciencia, esperaba percibir algo
más con su contacto directo. Sentir algo más que el ardor de su mano en su
mejilla cuando la abofeteó. Quería sentir lo cálido del contacto de su cuerpo,
de su piel. Alzó su mirada para ver si Alice no se daba cuenta de su inquietud,
de la forma en que estaba experimentando sus sensaciones con ella. Pero los
ojos de Alice estaban fijos al frente, a un camino que no se le hacía conocido.
Estaba confundida. Era un día extraño. No hizo caso a lo que miraba en sus
ojos, porque no podía percibir las emociones que Alice estaba experimentando
muy aparte de sus sensaciones. Volvió a enfocarse en algo que nunca iba a
sentir…
―No me dirás a dónde vamos ―dijo, un
tanto con fastidio.
Retiró su brazo con suavidad, para que
no se diera cuenta que intentaba sentir algo más.
―No ―respondió.
No entendía el comportamiento tan
distante de Faillié, actuaba como si fuera otra persona muy diferente a la que
dejó días antes. Sus ojos estaban fijos en contemplar lo que había afuera. Nunca
se dio cuenta del intento, de su impaciencia, de buscar sentir algo más con el
contacto de su piel. Para Alice, Faillié ya no era la chica dulce y tierna;
parecía que había crecido y perdido su inocencia: el semblante de niña que
siempre tenía. Se preguntaba qué había sentido para tener la inquietud de
buscarla. La miraba y parecía perderse en algo que no conocía, pero sabía que le
amaba con todo su ser. No podía entenderlo, por más que se preguntaba qué era
lo que le atraía de ella, no lo entendía. Estaba dispuesta a mostrarle todo lo
que sentía. Sin importarle nada, incluso sin saber qué era todo lo que estaba
sintiendo en su interior. Simplemente la ama. Era todo lo que necesitaba saber…
todo lo que necesitaba sentir: amor.
Bajaron del autobús después de casi una
hora de trayecto. Caminaron unos minutos más hasta que salieron de la avenida
principal y entraron a una zona residencial. Alice no conocía la colonia. No
era muy lejos de donde vivían, pero si era un lugar totalmente desconocido. Un
lugar que Faillié evitaba a toda costa. Llegaron a una casa de vivos colores
donde había un hombre como de cuarenta y cinco años podando el césped.
Las dos se quedaron al otro lado de la
calle, detrás de un árbol para ocultarse.
―Tómame una fotografía ―pidió.
―¿Para qué?
―Tómala ―sugirió Faith-el con un tono de
amargura.
―No te ves bien.
―El estómago sigue doliéndome mucho. Toma
la fotografía, por favor.
Tomó la cámara sin saber qué era lo que quería
probar. Cuando obtuvo la fotografía recordó que nunca tenía una así con Faillié.
Las fotografías extrañamente se velaban o se borraban días después. A veces Faillié
impedía que le tomara fotos, dando como excusa que le robaría el alma y cuando el
pretexto no funcionaba, no dejaba que sus ojos miraran a la cámara directamente;
su mirada no se distinguía, salía de perfil o con sus ojos mirando a otra
parte. Jamás pudo conservar su recuerdo en un trozo de papel.
―Ve hacia la casa y pregúntale al señor
si me conoce ―dijo.
―¿Qué? ―preguntó sin entender lo que
pretendía.
―Hazlo.
Le entregó la cámara y se quedó con la
fotografía. Todavía no se revelaba del todo. Su imagen poco a poco se estaba
haciendo más nítida. Sus ojos estaban ausentes. No había en ella ni la más
mínima expresión de vida. Su rostro estaba lleno de dolor, pero adivinaba que
se trataba del malestar que sentía en el estómago. Se alejó un poco confundida.
Miraba la fotografía. Era muy diferente. No se veía en ella el semblante que
siempre la acompañaba. Todo en Faillié era distinto. Hasta podía jurar que no
se trataba de la misma persona que había conocido. Si no fuera por el
sentimiento que le causaba en su corazón, apostaría, a ganar, que no era Faillié.
Se acercó al hombre que podaba el césped.
Se quedó quieta por un segundo. No pretendía jugar el juego que Faillié estaba
haciendo. Regresó su vista a donde la había dejado. ¿Con que razón mentirle?
¿Por qué inventarse una mentira tan grande? Si estaba dispuesta a dejarla, tal
vez por otra persona, le bastaba con la verdad. Simplemente decirle que ya no
había amor. Lo aceptaría. Regresó su vista a la fotografía. Sabía que Faillié
no optaría por mentir. Era una persona muy sincera y fiel. La honestidad era lo
que más había aprendido de ella. Tenía una batalla incontrolable en su
interior.
Hope se hizo visible.
―¿Qué haces, Faith-el? ―preguntó―. Sabes
que te estás arriesgando mucho al decirle quien eres. No puedes decirle a un
mortal sobre la existencia de todos nosotros, mucho menos de las essentias…
ellos no lo entenderían jamás. Por eso somos invisibles a sus ojos.
―Lo sé, Hope, pero no supe qué más
decirle. Tú sabes que no sé mentir, siempre tengo que hablar con la verdad,
está en mi naturaleza. Yo soy el amor, la essentia. No sé mentir.
―Creo que no puedes ser tan perfecto en
la realidad de los Mortales ―sonrió Hope al saber que su pregunta no venía al
caso.
Faith-el era la esencia del amor. El verdadero
amor no miente y siempre en él hay verdad. Su resplandor era la supremacía
creada desde el principio de los tiempos. No había en ella ninguna parte que
pudiera corromperse. No conocía el sentido de la Oscuridad o del Mal. Era
esencia ante todo el Universo.
La observaron acercarse al hombre.
―Disculpe, señor ―decía Alice, temerosa―.
Quisiera saber si usted, bueno… ―extendió su mano sin tener tantas intenciones
de enseñarle la fotografía.
Tenía miedo de que la historia que le
contaba Faillié fuera verdad. Pero por una parte sabía que el hombre tenía la
respuesta a todo lo que estaba viviendo. Con él podía saber si era mentira todo
lo que le había dicho. No estaba segura si quería saber la verdad. Cualquier
cosa sabía que iba a dolerle. ¿Pero que le dolería más? ¿No quedarse con Faillié
porque ya no la amaba o porque no podía amarla? Ninguna de las dos cosas le gustaba.
Con mucho esfuerzo le preguntó:
―¿Conoce a esta chica?
El hombre tomó la fotografía y sus ojos
resplandecieron de una alegría inmensa. Su corazón empezó a latir en un
sentimiento inexplicable. Casi sintió un mareo. Soltó la podadora sin querer.
Dejó de ocuparse de todo a su alrededor. Sus ojos se inundaron de lágrimas.
―¿Está bien? ―preguntó preocupada.
Se dio cuenta que su mirada cambió mucho
con ver la imagen de Faillié en la fotografía. Hasta parecía que el cuerpo del
hombre empezaba a irradiar luz. Estaba tan emocionado que tuvo que limpiar las
lágrimas de sus ojos para no verse débil o muy romántico.
―Sí ―respondió el hombre―. Es que volver
a verla… es, es tan hermoso.
Sus ojos volvieron a humedecerse de
alegría.
―¿Entonces la conoce? ―preguntó.
―Sí. Su nombre es Faillié. Ella fue mi
primer amor cuando tenía dieciséis años, claro que recuerdo a Faillié, sigue
siendo una persona muy especial en mi vida y en mi corazón. La recuerdo con
mucho cariño y amor.
―¿Dieciséis años?
―Sí, hace treinta años que la conocí.
―¿Treinta años? Hace ya mucho tiempo
―dijo mirando hacia la dirección donde estaba oculta Faillié.
―Ella fue algo muy especial en mi vida,
por Faillié conocí el amor y eso me llevó a conocer a quien ahora es mi esposa.
Mi primer hija lleva su nombre en honor de todo lo que vivimos, de todo lo que
me enseñó sobre el amor ―el hombre miró algo sorprendido el rostro de Faillié en
la fotografía. Sonrió y le dijo un poco fascinado―: Nunca pude conservar una
fotografía de ella, siempre se hacían viejas y al final se borraban, no duraban
mucho tiempo, ni siquiera un par de semanas ―dijo con melancolía.
―Entiendo ―dijo, a ella le pasó lo mismo
con cada fotografía que le tomaba a Faillié.
―Lo único que pude conservar de ella fue
el amor que me enseñó a sentir.
―¿Nunca volvió a verla? ―preguntó.
―No.
―¿Nunca la buscó?
―No ―respondió confundido.
Desde el día que se separaron jamás
volvió a mirar su rostro, nunca tuvo la necesidad de buscarla. Sólo la había
dejado ir. Sin preguntas. Sin nada. Le había dejado todo lo que necesitaba
saber. Era suficiente el tiempo que estuvieron juntos. Simplemente la dejó ir.
―¿Por qué terminaron?
―No lo sé.
Su mirada se notó abstraída con lo que
sintió en aquel entonces y con lo que estaba sintiendo ahora, nunca se había
preguntado nada de eso. Ni siquiera había sentido que le faltara su presencia,
la nostalgia de su ausencia no la había sentido. Había experimentado el amor
más puro a su lado. No la necesitaba para seguir, no se había acostumbrado a
ella para seguir viviendo. La recordaba con amor, pero tenía un amor más.
―¿Por qué? ―preguntó, quería encontrar
las repuestas en él o por lo menos encontrar la pregunta correcta.
Alice tampoco sabía por qué su relación
había terminado. Era una parte que su memoria no recordaba.
―En realidad no lo sé ―respondió el
hombre―. Se terminó ―dijo, confundido―. No sé por qué, pero terminó.
―¿No la ama?
Esa pregunta hizo evocar en su memoria
el único recuerdo que tenía de su partida. Tenía dieciséis años, casi
diecisiete, cuando encontró atado con un listón dorado una flor de pétalos
blancos en la ventana de su habitación. El viento lo movía con suavidad, como
si el listón se ataran todas sus emociones y todos los sentimientos buenos.
Pensó, casi por última vez, en Faillié. No sabía por qué lo había tomado como
una despedida.
―No.
Su repuesta fue tajante e inmediata. Sin
dudas y sin confusiones, aunque en realidad estaba confundido, no sabía
claramente por qué su relación había terminado. Recordaba su despedida, pero no
cómo habían terminado.
―¿No?
Alice seguía sin entender.
―Faillié me enseñó el amor puro ―decía
el hombre―. Un amor verdadero…
No sabía cómo explicarle lo que había
significado Faillié en su vida. Había imágenes en su cabeza, pero no las
necesitaba para acordarse de ella. Le bastaban los buenos sentimientos. Si su
relación terminó, no recordaba muy bien por qué, pero sabía que tenía que ser
así. Sí, la amaba. La amaba de una forma diferente, especial, misteriosa,
extraña e inexplicable.
―¿Por qué dejó de amarla? ―insistía.
―No… No lo sé.
―¿Cómo pudo dejar de amarla?
Quería que le diera la clave para poder
vivir sin ella.
―No sé ―decía inquieto―. Creo que sólo
tenía que pasar.
―Y si no puedo ―dijo apenas para ella.
El hombre la miró en su intento
desesperado por entender por qué había dejado de quererla.
―Y, ¿ella es tu madre? ―preguntó el
hombre por curiosidad.
Lo miró, sus ojos de inmediato se
llenaron de amargura. No entendía lo que estaba sintiendo en ese momento.
―No ―respondió.
Le quitó la fotografía de las manos y se
alejó. No quería saber más del hombre que conoció a Faillié. No quería saber
que debía terminar como él, en un hogar estable, con recuerdos que no necesitaría
para ser feliz, con un sentimiento inexplicable que no podría expresar. Así no
era su camino, así no debía terminar su amor por Faillié.
Se acercó a Faith-el sin entender, sin
creer lo que estaba viviendo. Pensó que si todo era un sueño ya era justo que despertara,
no lo consideraba un sueño muy bonito. No podía creer que había estado con una
persona que prácticamente no existía.
―Toma ―dijo.
Le entregó la fotografía, no quería ver
que su imagen iba a desaparecer con el tiempo, no quería un recuerdo vacío. Su
mirada se perdió en el infinito, recordando las tantas veces que pasó a lado de
Faillié. ¿Por qué algo tan hermoso no podía ser real? ¿Por qué tenía que ser
algo divino? Algo que no podía permanecer a su lado. Agachó la mirada. Quería
correr sin detenerse. Quería huir de lo que no quería escuchar. Alzó su mirada,
pero la rehuyó, la dejó una vez más en el vacío.
―Soy una essentia…
Faith-el guardó la fotografía en su
chaqueta y se colgó la correa de la cámara al cuello, ya no la necesitaría más.
¿Qué podía hacer por Alice? Ni siquiera entendía por qué habían llegado hasta
ahí. Alice tenía que estar lista, preparada, para conocer a quien debía amar en
la tierra.
―Soy la essentia del amor. No puedes
amarme ―dijo Faith-el, para que pudiera reaccionar―. No puedo amarte a ti.
No se dio cuenta que eran las palabras
más crueles que pudo haberle dicho en toda su vida.
―No puedes amarme.
Miró a Faillié con ojos vacíos de
desesperación, de saber que estaba sintiendo algo imposible, algo por una
persona que estaba lejos de su alcance… alguien que no existía como mortal.
―No puedes estar enamorada de mí, estás
enamorada del amor. Tienes que buscar con quien depositar lo que yo te enseñé a
sentir. Lo que yo soy en ti, lo que interpretas de mi essentia ―le explicó
Faith-el para que entendiera que no podía estar enamorada de ella como persona.
―¿Quién eres tú? ―preguntó, sintiendo
una amargura incontrolable en su pecho.
―Yo soy el amor.
Me has hecho reír. Sí, a quién no? A mí si me pasó, ya te lo había contado, con sus diferencias, por supuesto. Pero eso sí, yo si creo no volver a verla, principalmente porque cuando me pasó yo estaba en otro país.
ResponderEliminarPor fin!! te he hecho reír con algo!!! Milagro!!! Porque el anterior post hizo llorar un poquito a algunas personas :P jeje
ResponderEliminarYo sí espero encontrarla algún día, porque sin mentirte, sin saber cómo o por qué... dejó algo en mí... y sin mentirte, y sí sé cómo o por qué, es la tercera persona que me ha hecho sentir lo que podría llamarse como amor, digo, porque lo único que conocí de ella, o que me hizo sentir, fue su mirada... aunque tengo la fortuna de enamorarme de personas que no solo tienen ojitos bellos, sino que ellas también lo son ^-^ así que no dudo que ella, mi extraña, sea una buena persona =)
Y sip, no he parado de ver el cortometraje, me encanta el final!!!
Que anteriormente haya indicado lo contrario, no quiere decir que es lo que me causes, eh.
ResponderEliminarAquel día estaba sensible, y no creo que sea un milagro, suelo reírme mucho, sabes.
Sí, el amor a primera vista es tan extraño de ver, pero existe.
Las personas no son malas, solo mal comprendidas.
Hiciste que volviera a recordar a aquella chica, me pregunto si alguien estará celosa?...es algo que no lo sabré.
Uyy!! Pues yo opino que sí está celosa, pero lo entiende ;)
ResponderEliminaroye, por cierto... hablando de personas "extrañas"...mmmm... mejor esto te lo digo después en un mail :P
Saluditos.
:)....Ok, no hay problema.
ResponderEliminarTe me cuidas, y espero que vuelvas a ver a aquella extraña.
¡¡Dios te oiga!! porque a mí como que me ignora la mayoría del tiempo¬¬ jajaja... ayer salí y pensé mucho en ella, en ese día, en la casualidad del destino (¿¿la casualidad del destino??¬¬ bueno, en la equivocación del destino, eso ya suena más real:P)y miré tantos, pero tantos ojos... y fue triste que entre todos esos, no estuvieran los suyos... otra vez.
ResponderEliminar¬_¬
Sé lo que se siente buscar entre miradas a la unica que es capaz de acelerar a tu corazón, y lo triste al darte cuenta que no está, por más que busques, sencillamente no está...entonces te dices, mañana será otro día, quizás mañana sus ojos estarán buscandome también..
ResponderEliminarEstoy segura que él te escucha, solo que quiere que aprendamos algo antes de todo. Por lo menos es lo que pienso.
ResponderEliminarSí, ese mundo de xenites es muy grande y dejó marcas en todas, malas y buenas, pero al final, marcas.
Me olvidaba...Qué te vaya bien en aquellas vacaciones! Yo también partiré, estaré lejos de casa por un tiempo, por cosas del trabajo.
Saludos y hasta la próxima.
jajaja las vacaciones solo son mentales, dejarla en blanco por un par de días :P
ResponderEliminarTengo unas preguntillas para ti, pero te escribo un mail, ahorita ya, antes de que se me olvide ¬¬
Sabes que por conocerla también sería capaz de rogarle a Dios! Quiero ver a la mujer que puede provocar eso en ti, y que todavía la recuerdes después de tanto tiempo!! Y además que te haga sentir algo, porque eres la persona más egoísta e imposible que conozco, nada te gusta¬¬
ResponderEliminartú ni conoces a Dios!! :P mejor dicho, él ni te conoce a ti! jajajajja
Eliminarjajaja sep! Mira que sabes que tengo mala malissiimaa memoria :P........ ya hasta estoy pensando seriamente tatuarme mi tipo de sangre¬¬ pq siempre se me olvida¬_¬
no soy egoísta¬¬..... imposible, tampoco :P ya sabes lo que quiero y no cualquier mortal, aunque sea bella y linda, lo tiene :P
Sí, unos ojitos que puedan enamorarte.
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