"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

3 de abril de 2012

III
Faith-el despertó al siguiente día con unos extraños ruidos en el estómago, con una pesadez en los ojos y un leve dolor de cabeza. Se sentó sin saber qué era lo que pasaba con su cuerpo. Se levantó de la cama y por primera vez sintió el frío en la planta de los pies. Se quedó atenta por la extraña sensación en su cuerpo, se dio cuenta que se iba acostumbrando cada vez más al frío cuando caminaba. Podía sentir su cuerpo tiritar por todo lo nuevo. Miró sus pies plantados al piso, miró sus manos haciendo movimientos lentos con sus dedos. Acarició su rostro y pudo sentir lo sueva de su piel; y la respiración cálida que salía de su nariz también la sintió. Tocó su pecho para sentir el latido incesante de un corazón mortal. Sentía como su pecho se alzaba en cada respiración, había respirado desde que bajó a la tierra, pero nunca lo había sentido. Le parecía extraordinario todo lo que estaba percibiendo en su cuerpo. Siguió mirando el movimiento suave de sus dedos en el aire, hasta esos simples movimientos le parecían hermosos.
Volvió a enfocarse en el ruido que provenía de su estómago.
―Eso significa que tienes hambre ―dijo Hope, que la miraba desde uno de los sillones frente a su cama.
La había observado durante toda la noche. Parecía una persona normal, con una vida como cualquier otro ser sobre la tierra. La hubo visto moverse con inquietud, con su respiración entre cortada, tal vez por un sueño perturbador. Hope hubiese dado parte de su inmortalidad por saber qué estaba soñando una persona que por primera vez dormía. ¿Qué sueños podía tener alguien que había existido por mucho tiempo? Si los sueños se componen, en los mortales, de emociones y sentimientos, qué podía soñar ella si nunca tendría dichas cosas.
―¿Qué fue lo que hice en la noche? ―preguntó.
Por primera vez no recordó lo que había hecho durante la noche.
―Dormiste, así es como algunos Mortales lo hacen para soñar y descansar.
―¿Soñar? ―dijo.
Hubo tantas imágenes en su cabeza que casi no las recordaba, pasaron muy rápido como para retenerlas en su memoria. Eran imágenes inexistente, recuerdos no vividos, no estaba en su ser conservar algo así. No podía quedarse con ellas como lo hacía un mortal normal. Así que se fueron en un segundo de su cabeza.
El ruido de su estómago se incrementó, parecía que algo saldría de su interior.
―¿Siempre es así? ―preguntó sujetando su estómago.
―Debes comer algo si quieres que la sensación en tu estomago pare ―sugirió Hope.
―Tengo que… ¿comer? ―dijo sorprendida.
Pensó en todas las veces cuando probaba cierta comida sin sentir absolutamente nada y que en algunas ocasiones debía fingir que era su comida favorita. Sujetó su estómago y siguió maravillándose con la sensación, parecía que tenía algo en su interior.
―Tienes que comer ―sugirió inclinándose a ella, sacándola de sus pensamientos.
Sabía que tenía mucha curiosidad sobre todas las sensaciones que quería conocer de los humanos, por algo había sido así su último deseo. Se preguntaba cómo sería su reacción ante la comida, si le causaría la misma impresión de sus pies sintiendo el frío del piso o lo suave de la tela de las sábanas mientras dormía.
Salió de su habitación y fue a la cocina. Trastabilló un par de veces, como si estuviera caminando por primera vez. No había tenido la sensación del suelo, era duro y seguía frío. Entró a la cocina y su cuerpo inmediatamente captó el cambio mínimo de la temperatura, era más reconfortante. Su piel se erizó, le gustaba la sensación cálida. El movimiento de sus manos también era torpe, acostumbrándose a las diferentes formas y texturas que se encontraban a su alcance. Todo era liso o rugoso; suave o duro; frío o cálido. Sensaciones corporales, era todo lo que estaba conociendo. Hasta los colores que tenían las paredes, o el papel tapiz, le daba nuevas sensaciones a sus ojos.
Tomó lo que había en su refrigerador para prepararse algo, el ruido de su estómago era mucho más fuerte y había una sensación de ansiedad en su boca. Siguió recopilando todo lo que iba a comer. Era una sensación que le gustaba, hasta por un momento llegó a sentirse alegre, pero sabía que era una emoción que no podía sentir. Tomó un trozo de carne envuelto en plástico y lo acercó a su nariz. El olor le produjo más espasmos en el estómago. Sabía que no debía comerlo crudo, a pesar de que quería saber a qué sabía. No debía. Ganó su razón y tomó una sartén. Le costó un poco encender la estufa para poder freír la carne. Debía comprar comida aunque no la consumiera, nadie debía darse cuenta de lo que ella representaba para la Tierra. No necesitaba de nada, ni siquiera del aire para respirar. Había observado a los humanos por mucho tiempo antes de decidir bajar a la Tierra. No le costó mucho adoptar ciertos reflejos para parecer uno de ellos: respirar, el movimiento de su cuerpo y la expresión de algunas emociones. Todo lo demás, como los sentimientos, eran reflejos de las personas con las que estaba: la forma en que miraba, sonreía o expresaba dichos sentimientos en palabras, en gestos y acciones, era como un espejo.
Faith-el ya tenía experiencia de qué cosa combinaba con cada cual; tantos años en la Tierra le llevó a ganar mucha sabiduría de cómo eran las costumbres de los hombres. El calor que desprendía el fuego era diferente al calor reconfortante que le daban las sábanas de su cama, le gustaba más lo cálido y lo suave de las telas. El olor de la carne ocasionó que su estómago se pusiera más impaciente. Sentía cada aroma diferente. Le gustó más el olor de lo cocido que de lo crudo. El color también era distinto, era más oscuro y se notaba más rígido, la carne ya no era suave y fría como al principio. Nunca creyó que se estuviera perdiendo de cosas tan maravillosas, cosas que increíblemente a su vista no le importaban. No le ocasionaban una sensación. No podía comparar con nada todo lo que estaba oliendo, era la primera vez a su sentido del olfato. Se preparó cuanto pudo: frutas, verduras, bebidas… comida en exceso. No le importaba que estuviera fría, incluso algunas cosas ni siquiera las cocinó. Sabían bien en su estado natural.
―¡Esto es delicioso! ―decía, mientras se daba un bocado de una hamburguesa de mil ingredientes―. Ahora entiendo por qué no pueden dejar de comer. Esto es más delicioso que la palabra delicioso. Los humanos deberían buscar otra palabra para definirlo mejor. ¡Más de las que ya existen! ―sugirió, dándole otra mordida.
Hope la veía comer y beber todo lo que se le cruzaba en su camino. No intentó pararla, porque de todos modos tenía hasta que se ocultara el sol para olvidarlo todo y regresar al lugar donde debía seguir con su misión: el Cielo. Así que la dejaba disfrutar de lo que comía para que Faith-el conociera las sensaciones de los mortales y pudiera regresar al Cielo conociendo casi todo de ellos.
―¡Cambiaría mi vida por todo esto! ―dijo maravillada con tantas sensaciones en su boca.
Era increíble todo lo que podía percibir en su cuerpo, nunca creyó haberse perdido de gran cosa al estar tanto tiempo en la Tierra. Desde un principio, desde su creación, había sido destinada a ser una esencia y un resplandor, un murmullo de luz como todas. Pero cuando decidió bajar a la Tierra y conocer en persona a los nacidos con virtud, su misión se hizo más fuerte. Ninguna otra esencia había hecho lo mismo jamás, ninguna otra tenía la fuerza para lograrlo. Nadie podía escapar a su destino, mucho menos a su principio.
―Eso para ti es imposible. Tú no tienes una vida ―aclaró Hope.
―Lo sé, pero si la tuviera la cambiaría sin pensarlo.
Empezó a decir palabras con tanta fuerza que no sabía de dónde provenía toda esa potencia, ya que nunca había experimentado las sensaciones que ahora sentía en su boca. Todo era nuevo para ella, absolutamente todo lo estaba conociendo por primera vez.
Terminó de comer todo lo que había preparado en menor tiempo que le llevó hacerlo. Su estómago estaba satisfecho y la ansiedad de su boca había parado definitivamente. Lo único que quedaba era una especie de dulce, salado o de mil sabores que habían quedado en su boca. No sabía exactamente cómo definir lo que estaba sintiendo, pero sabía que estaba satisfecha. Le había gustado mucho la experiencia de ser un mortal hambriento.
Se acercó a la ventana. Aunque era muy temprano, el sol apenas estaba saliendo en toda su plenitud, y el cielo estaba tan azul que ninguna nube podía opacar su brillo. Abrió la ventana y sacó lentamente la mano, como temiendo que los rayos del sol fueran a desintegrarla. Era la propia proyección de su energía y aun así no sabía qué tan intensa era.
La sensación del calor la disfrutó más que el frío.
―Es muy cálido ―dijo pensando en todas las veces cuando le decían: Es tan cálido estar entre tus brazos. Era la frase finita que la hacía entender que su mensaje había llegado a su fin y que ya debía abandonar a esa persona, porque su resplandor ya no iba a ser olvidado por su corazón.
Estuvo un buen rato mirando su mano bajo el sol. Hasta su piel se notaba diferente, con más color y mucho más suave. Recordaba todo el tiempo que estuvo en la Tierra y a las muchas personas que conoció durante su misión. No eran tantas. No debía buscarlas. Ni siquiera sabía quiénes eran. De una sublime manera su esencia las reconocía y, desde ese momento, todo se conectaba en el Universo para poder transmitirle su mensaje. Recordó a la última persona con la que estuvo, no creía que su misión fuera a terminar tan rápido al encontrarla, al hacer del amor, el más puro mensaje jamás dejado en la Tierra en ningún otro mortal.
―No tienes mucho tiempo ―decía, Hope interrumpiendo sus pensamientos―. ¿Es todo lo que harás?
Dejó de mirar su mano.
―Hay tantos recuerdos en mi cabeza, ¿siempre pasa eso?
―Sí, normalmente.
No distinguió si le gustaban, si le causaban algo más que solo la mera proyección de las imágenes en su cabeza. No podían provocarle sensaciones. No había un contacto directo con su vista, con su piel, con el olfato o el gusto. Resonaba el recuerdo de sus voces, de lo acontecido a su alrededor, pero todo era lejano, difuso. Sólo estaban en su cabeza, más allá de los recuerdos, no le causaban una emoción y mucho menos para formar un sentimiento.
―Hope, no va a llover hoy, ¿cierto? ―preguntó.
Quería con todas sus ganas conocer la sensación de la lluvia mojando su piel. Para ella el agua cayendo del cielo era algo más divino que terrenal, no solo era un proceso de la naturaleza como lo veían todos los Mortales. Quería conocer la sensación y la reacción que provocaba la lluvia sobre la piel.
Hope miró tras la ventana, era obvio que con el día tan soleado ni una gota de lluvia se asomaría.
―No ―respondió.
Jamás el cielo había estado con tantos matices de azul. El paisaje que se pintaba era realmente hermoso. Parecía que presentía que dentro de muy poco el resplandor más fuerte regresaría a su lugar de origen y que muy pronto el Cielo tendría un nuevo guardián, el más puro resplandor.
Faith-el se alejó de la ventana al sentir un dolor muy fuerte en el estómago.
―¿Tengo más hambre todavía? ―preguntó sujetándose con fuerza, porque era un dolor muy intenso el que tenía.
―No, a eso se le llama indigestión ―aclaró Hope.
Faith-el se fue a sentar al sofá porque no soportaba el dolor de su estómago. Empezó a ponerse pálida y temblorosa. La sensación no le gustaba, era desagradable. Sintió un dolor punzante en la cabeza, incluso sus pies empezaron a ponerse fríos. Su estómago volvió a doler, como si empezara a formarse algo muy pesado en su interior. Era tan fuerte que pronto se arrepintió de todo lo que había comido y que ahora no consideraba tan delicioso.
Hope no podía hacer nada por ella, a pesar de mirarla casi retorcerse del dolor, no tenía potestad de evitar lo que estaba sintiendo físicamente.
―Es dolor lo que sientes ―dijo.
Sabía que su cuerpo estaba reaccionando a una sensación física y no a una emoción o a un sentimiento, como lo es el sufrimiento, que era peor de lo que sentía ahora.
―Pues… eso, no… no se siente… muy bien ―se quejó con esfuerzo.
De un momento a otro alguien tocó a la puerta con un poco de desesperación. Hope miró a Faith-el, sabía que ya no esperaban a nadie. La existencia de Faith-el en la Tierra empezaba a borrarse para las personas. Cuando se marchara para siempre, los recuerdos de ella se irían de la memoria de los mortales, solo quedaría en ellos el mensaje que les transmitió.
Volvieron a tocar.
El corazón de Faith-el se aceleró un poco. Había una nueva reacción en su cuerpo, parecía que sus latidos se acompasaban con la desesperación de quién tocaba a la puerta. Miraba a Hope con los mismos ojos extrañados. No tenía la intención de abrir. Sus ojos volvieron a fijarse en la puerta, esperando que quien tocara se marchara pronto. Por un momento el dolor de su estómago desapareció, lo único que retumbaba en sus oídos era el latir de su corazón, como un zumbido que le recordaba que era un mortal. Pero era un latido diferente, uno, que casi le producía un sentimiento.
Insistieron una vez más.
Se levantó encorvada porque el dolor le impedía mantenerse derecha. Abrió la puerta y le sorprendió encontrarse con una persona que pensó no volvería a ver, no al menos en la Tierra.
―¿Qué haces aquí? ―preguntó sin creerlo.
Hope se sorprendió cuando la vio en la puerta. Parecía un poco cansada, como si hubiera estado ausente por mucho tiempo. Sus ojos, al mirar los ojos de Faith-el, se iluminaron, como si hubiera recuperado parte de lo que perdió hace días. Su semblante también cambió de forma.
―Te extraño. Quiero estar contigo ―dijo.
Faith-el y Hope se quedaron asombrados por las palabras que salieron de su boca.
Quien estaba tras la puerta había experimentado el amor a lado de Faith-el, tal y como era su misión en la Tierra. Después del tiempo que había pasado a su lado, ella debía por lo menos no sentir nada por Faith-el. No lo que le enseñó… no el amor. Sus recuerdos debían mantenerse intactos. Los momentos, las emociones y los sentimientos vividos debían quedarse en ella como un hermoso recuerdo, pero sin sentir más amor.
Entró al departamento. Faith-el dio pasos atrás como si estuviera huyendo de una tragedia inevitable. Intentó evitar cualquier contacto de ella y aun así su piel se erizó. Fue una sensación la cual no percibió, su asombro la dominaba.
―Te amo ―dijo, sin contenerlo más.
Había sido como un suspiro que tenía impregnado en su pecho y que no la dejaba respirar con normalidad, pesaba tal verdad. Eran palabras que se habían quedado estancadas y sabía que si no las decía a quién se las merecía, era algo que no la dejaría estar nunca en paz. La buscó porque quería entender todo lo que estaba pasando en su interior. Quería entender por qué razón, en qué momento, había decidido hacer su vida lejos de la persona que amaba.
―Quiero estar contigo, Faillié.
El dolor de estómago volvió en un segundo, como si hubiera sido un recordatorio del porqué no debía estar pasando lo que pasaba ahora.
―No, tú no puedes amarme a mí. No es posible lo que sientes. No puede ser verdad lo que me estás diciendo ―intentó decir Faith-el, lo más entendible que pudiera salir de su boca.
―¿Por qué no? ¿Por qué no debería amarte a ti? ―preguntó confundida.
―Porque estuvimos el tiempo que era nuestro. Ya no hay más para ti y para mí. Ya no hay nada ―contestó.
―¡Eso es lo que quieres decir! ¡¿Sólo fui un tiempo para ti?! ―gritó sin creer lo que le estaba diciendo.
Faith-el volteó hacia Hope preguntándose qué era lo que estaba pasando. No lo entendía. No sabía qué decir, el dolor de su estómago no podía dejarla concentrarse.
―No… sólo, que…
No sabía cómo explicarle. Como mortal las palabras y sus pensamientos se volvían como las de ellos: torpes y confusos ante una situación así. Seguía mirando a Hope para que le ayudara a solucionar lo que no entendía.
―¡¿Qué?! ―gritó un poco molesta.
No sabía por qué Faillié miraba hacia la nada, como si quisiera conseguir las palabras adecuadas en un milagro o poder desaparecer. Ella no podía ver la luminosidad de Hope, su vibración no podía ser percibida por los ojos de los Mortales, ni siquiera por aquellos que tenían una sensibilidad superior al resto. Así que para ella, Faillié parecía estar ignorando sus palabras.
Sus ojos muy pocas veces se miraron en los suyos.
―¡Dime, Faillié!
―No siento nada por ti, Alice… ―dijo, sabiendo que en verdad no podía sentir nada por un mortal.
Su reacción fue darle una bofetada con toda su fuerza, pensando que era hiriente saber que la persona que amas pudiera decirte eso con toda la tranquilidad del mundo.
Faith-el se hizo para atrás con el golpe, ahí conoció el dolor en su piel, un dolor más fuerte que el que sentía aún en el estómago. Su rostro le ardía.
―Faillié, lo siento mucho ―se acercó arrepentida―. Perdóname, no sé qué me pasa.
La sujetó de la cintura y la llevó hasta el sofá.
―Así que, así se siente ―dijo sujetando su mandíbula con fuerza.
―Lo siento ―decía―, no puedo dejar de pensar en ti desde el día que nos separamos, no quiero estar sin ti…
―No es así… ―intentó interrumpirla.
―No sé cómo explicarlo ―continuó―, hay algo en mi interior que no se quiere ir, que no puede dejarte. Sé que es amor lo que siento por ti, sé que te amo, Faillié ―decía, con una luz intensa en su mirada―. Es como si ya no pudiera estar sin ti y al mismo tiempo sé que puedo continuar si ya no estás conmigo, pero sé que quiero estar contigo… lo sé.
Hope las observaba con su rostro lleno de desconcierto, jamás había pasado lo que estaba aconteciendo ahora. No podía explicarse lo que escuchaba de su voz, prácticamente lo que decía era imposible. Sus palabras no podían reflejar una realidad. No podía sentir amor por Faith-el, porque ella era el amor y eso fue lo que vino a enseñarle. Después de estar con ella debía enamorarse de quien sería el amor de su vida, tal como había pasado con las demás personas con las cuales Faith-el había estado durante tiempo atrás.
―Quiero estar contigo, Faillié ―dijo, y sus ojos se iluminaban con un hilo de alegría y de tristeza.
―Es que… ―intentó decir.
―¿Te sientes bien? ―preguntó.
Se dio cuenta que no dejaba de sujetarse el estómago, su cuerpo temblaba y su rostro estaba un poco más pálido.
―No. El estómago me duele mucho.
Sus ojos estaban rojos, como si quisiera llorar. Su cuerpo se estremecía por el escalofrío que surgía en ocasiones. Los espasmos eran incontrolables. Sentir hambre era agradable, se le antojaba todo y el olor de la comida era incomparable; las sensaciones que provocaba en su boca eran agradables. Sentir indigestión era todo lo contrario, no lo soportaba. Su piel se erizaba cada vez más. Ya no le gustaba ser mortal y tener ese tipo de sensaciones. Nunca pensó que fuera tan difícil sentir como lo hacen ellos. Cómo es que llegaban a soportar tanto dolor en su cuerpo.
―Necesitas tomar algún medicamento ―sugirió.
―No tengo.
No tenía pastillas o cualquier tipo de medicamento, no los necesitaba. Su cuerpo no resentía nada, nunca se enfermaba. No sentía dolor de ninguna especia. Ni siquiera sentía su propio cuerpo. Desconocía todas las sensaciones. No tenía una vida. No era mortal. No era humano.
―Algo podrás tomar para que el dolor se calme ―dijo.
Se levantó por un vaso de agua a la cocina y se dio cuenta que era un desastre. Nunca había visto la cocina así, siempre estaba limpia y todo en orden. A veces bromeaba con Faillié diciéndole que no era normal, que no se comportaba como una persona común, que parecía que sufría de un trastorno obsesivo-compulsivo. Todo en su hogar estaba perfectamente en orden y todo impecablemente limpio. Abrió el refrigerador y parecía que había sido asaltado por la noche. Había trozos de comida por el piso. La mesa estaba en desorden con las sobras. La mayoría tenía un olor agradable, su aspecto era todo lo contrario. Notó el olor agridulce del tomate un tanto maduro, casi llegando a la descomposición. Las migas de pan se desbordaban de la mesa. No sabía si los granos diminutos que brillaban por toda la mesa eran de azúcar o sal. Tomó unos cuantos con los dedos y los llevó a su boca. La sensación en su lengua no la distinguió rápido, los dos sabores estaban mezclados. ¿Qué había intentado hacer Faillié? Tomó el vaso medio lleno y olió lo agridulce de la naranja. No quiso saber si el sabor de la bebida era dulce o salado. Encontró cascaras de la fruta sobre el piso, debía ser jugo fresco, como le gustaba a Faillié. Era su bebida favorita mientras fuera recién preparada. Dejó el vaso sobre la mesa y siguió observando el caos que reinaba en la cocina. Era extraño. Cuando Faillié llegaba a cocinar, lo primero que hacía después era limpiar, incluso ni siquiera hacía tanto desastre, tenía todo calculado: ingredientes, utensilios, el tiempo de preparación; todo era metódico. Lo que había en la mesa parecía estar hecho de forma burda, impaciente. Todo era extraño para sus ojos. Llegó a pensar que no había sido obra de Faillié. El aspecto de la comida no llevaba su estilo. Quiso probar lo que sobraba, saber si por lo menos tenía un sabor agradable como todo lo que preparaba. No quiso arriesgarse.
Tomó un vaso limpió y lo llenó de agua. Dio pasos pequeños para salir de la cocina, no quería pisar las cascaras de la fruta y caer. Sabía que algo extraño estaba pasando. No era el estilo de Faillié, no podía ser ella.
―¿Qué pasó en la cocina?
―Comí demasiado ―contestó.
―¿Tú lo hiciste?
No quería pensar que estuviera ya con otra persona.
―Sí.
Le dio el vaso con agua para ver si así se calmaba un poco su dolor.
―¿Segura que tú hiciste todo eso? ―señaló la cocina.
Faith-el levantó la mano izquierda para enseñarle los cortes que se había hecho por preparar las verduras y la fruta. Hasta ese momento fue consciente del dolor que sentía en la piel de sus dedos. Lo único que no había en ellos era rastro alguno de sangre.
―¿Fuiste tú? ―no estaba segura de la respuesta que le dio.
―Sí ―respondió una vez más.
Cambió el vaso de mano y le enseñó la derecha, mostrándole las quemaduras que se hizo con el aceite, estaban rojas, eran pequeñas y ardían.
―Nunca habías hecho eso ―dijo.
―Siempre hay una primera vez.
Se quedaron sentadas por un momento sin decir palabra alguna. Faith-el no entendía nada, sabía que ella no tenía por qué estar ahí. Su tiempo juntas ya se había acabado, no había más… nunca podría existir un tiempo más entre ellas dos. Dejó el vaso con agua sobre la mesita de centro. No había calmado para nada su dolor.
―No puedes amarme ―se atrevió a decirle.
―¿Por qué no?
No supo qué decirle, no había tiempo de otra cosa que intentar contarle la verdad para que entendiera que su amor nunca podría ser cierto, que lo que sentía no era verdad. Aunque en realidad Faith-el no sabía por qué tenía que hacerlo, ella era un mortal y no sabía si soportaría saber la verdad. Había cosas que los humanos no necesitaban saber para vivir.
―No soy un mortal.
―¡Claro! ―contestó con sarcasmo.
―Yo soy la essentia de lo que ustedes los Mortales llaman sentimiento: el amor ―decía Faith-el―. Me conociste para enseñarte el mensaje del amor y que tú, por tu paso por el mundo, en esta vida y en las siguientes, enseñes el amor verdadero a los que van a formar parte de tu vida, parte de tu destino y tu eternidad.
―¿Qué estás diciendo? ―preguntó incrédula ante una historia tan poco creíble.
―Soy una essentia, no soy como tú ―aseguró Faith-el―. No soy un Mortal.
―Pues ahora lo pareces ―dijo un poco molesta.
Faith-el dirigió su vista a Hope para que le explicara lo que estaba pasando. Sus ojos estaban fijos al piso llenos de incertidumbre. Pensaba en todo lo que Alice estaba manifestando con sus palabras y la forma de expresarlo con su cuerpo. No estaba bien que ella estuviera ahí. Dirigió sus ojos a Faith-el, haciéndole entender que también tenía desconcierto de lo que estaba pasando.
―¿Qué tanto miras? ―preguntó, mirando detrás de ella, donde la mirada de Faith-el se centraba.
Hope se dio cuenta que sus ojos color miel empezaban a verse diferente de cuando llegó. Sus ojos parecían más claros y serenos. Incluso su semblante ya había cambiado, no se veía cansada o ausente. Estaba como en los días de cuando Faith-el todavía formaba parte de su vida.
―Nada ―respondió.
No había encontrado respuesta en Hope. Todo estaba confuso. Qué había hecho mal para que una parte de su misión estuviera ahí. Su amor ya no le pertenecía a su principio. Todo había terminado ya. La miró intentando encontrar en ella la respuesta. Se dio cuenta que sus ojos le suplicaban por una verdad; le suplicaban por una razón tan grande como el Universo que justificara el hecho de no poder corresponder su amor.
―¿Por qué no, Faillié?
―No soy como tú. Ser Mortal es mi último deseo antes de regresar al Cielo. Quería ser como uno de ustedes. Soy una essentia, un resplandor eterno y quería ser por un momento un humano. Sentir, como sientes tú ―explicó.
―¡Faillié, es absurdo! ¿No puedes decir alguna otra mentira, algo más creíble?
Faith-el fue a su habitación y trajo consigo una cámara instantánea, de esas cámaras que ya no se veían en ningún comercio, incluso ya no se fabricaba el papel para las fotografías. La había conservado por varias vidas, a lo largo de su misión. Faith-el la guardaba porque le era muy útil cuando necesitaba tomarse alguna fotografía con la persona con la que estaba. Su luz era muy sensible y era la única manera en que podía salir en las fotografías o al menos perdurar un poco más de tiempo en ellas.
―Ven ―pidió―. Acompáñeme.
―¡No! ―dijo desesperada―. ¡Explícame aquí por qué no puedes estar conmigo!
No había nada en el interior del departamento, donde muchas veces estuvieron juntas, que le hiciera ver la imposibilidad de su amor.
―No puedo.
―¿Por qué no?
No podía decirle lo mismo que hace un rato si Alice no creía sus palabras. Tenía que enseñarle de otra forma, debía hacerle saber que su estancia en la tierra se había terminado y que debía regresar a cumplir su misión.
―Ven conmigo ―pidió una vez más.
―¿Adónde vamos?
―Confía en mí.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.