"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

16 de febrero de 2012


IV



Desde ese día no quise volver más al cementerio, qué sentido tenía ir, ella no iba a aparecer para saludarme, para abrazarme y decirme que todo iba a estar bien, que ya nunca se iría de mi vida. Ya nada tenía sentido en esta ciudad, en estas calles, ya nada podía tener sentido para mí. Me sentía tan lejos de todo, de todos. Dejé la escuela después de la operación. Ya no quise volver más, no tenía sentido… ya mi vida no la tenía. Dejé a mis amigos que pudieran hacerme preguntas de Mariana o que sus recuerdos llegaran a mencionarla. Iba a lugares donde sabía no los encontraría, caminaba sin rumbo y muchas de esas veces ya no quería regresar a casa. Qué sentido puede tener la vida, si el motivo de vivirla se ha ido. ¿Por qué me dejó aquí?, esa pregunta no podía quitarla nunca de mi cabeza. Mariana sabía todo lo que ella representaba para mí, sabía que no tenía el valor para continuar sin ella, era toda mi familia… y a veces, sus ojos, eran lo primero que quería ver siempre al despertar… ¿por qué me dejó aquí sola?



―¿Alma? ―escuché su voz detrás de mí.



Mis pensamientos me mantenían tan alejada de la realidad que no me di cuenta cuando la pasé. Quise continuar caminando para que sintiera que no la había escuchado, o que se diera cuenta que la ignoraba, y no volviera a mencionar mi nombre otra vez.



―Alma ―volvió a decir una vez más.



Regresé mi vista hasta donde estaba ella parada. Cuando la vi, recordé el día que la miré por primera vez, la primera vez que dirigió su sonrisa hacia a mí, esa vez cuando pude enamorarme de ella y de tantos sueños que empezaron a fabricarse en mi memoria.



―¡Lucia! ―dije mostrando un poco, pero muy poco, de entusiasmo.



Caminó con tanta felicidad hacia a mí.



―¡Veo que estás mejor! ―me dijo y me dio un abrazo muy fugaz.



―Sí, mucho mejor, gracias ―contesté.



No creo que a ella le importe en realidad mi dolor. A quién le importaba ahora, creo que incluso ni yo me daba cuenta qué tanto me dolía. Iniciamos una plática que no teníamos hace mucho tiempo. No había recordado lo bien que me la pasaba a su lado. La recordaba siempre feliz y sacarle a cada conversación algo agradable para reír sin parar. Sin querer, entre esa plática, vino la circunstancia del porqué ella volvió a buscarme. Quise marcharme en ese momento, no quería escuchar que me hizo a un lado y que dejó mi amor tirado a la basura, para que el final se diera cuenta que sentía algo superficial. No quería escuchar que mi dolor fue en vano. ¡Qué todo lo que había sentido tan roto no tuvo sentido! ¡Que por algo tan estúpido dejara mi amor a un lado! No quería escuchar, ¡no quería! Pero por algo no pude moverme, tal vez era una maniobra, otra vez cruel, del destino, para darme cuenta que yo no fui quien falló. Pasó como lo dijo Mariana, por sí sola Lucia se dio cuenta que lo que había hecho sólo fue algo estúpido.



*



Lucia volvió a entrar a mi vida, no como la primera vez, pero volvió a entrar. A pesar de todo, Lucia iba sacándome poco a poco de la monotonía que ahora era mi vida. Después de que ella iba a la escuela, pasaba por mí y me llevaba a comer y al parque. No sé cómo me sentía a su lado, sin querer me sentía como una niña, pero no una niña traviesa como cuando estaba con ella en el pasado, me sentía como una niña huérfana que necesitaba todo el cariño y atención de sus nuevos padres. Era lo que obtenía ahora de Lucia, toda su atención… absolutamente toda su atención se centraba en mí. En un momento, del cual no me di cuenta o quise ignorarlo, Lucia me tomó de la mano y no hice nada por evitar su contacto. Seguimos caminando sin decirnos nada, sólo contemplábamos el paisaje del parque que visitábamos cada tarde. Estaba todo fresco, porque hacía días, o meses, que la lluvia se estancó en una brisa para siempre.



―¿Por qué nos dejamos? ―preguntó en un suspiro, supongo que mi mano estrechada con la suya le trajo los recuerdos de un pasado que fue dulce y tierno.



―Tú me dejaste ―respondí ante su pregunta que no tenía un sentido real.



―Pues que estúpida soy ―dijo con otro suspiro igual.



―No lo sé ―dije sin decir todo lo que pensaba. Claro que no pensaba que ella era una estúpida por dejarme, sino que las cosas pasaban por algo, o igual, pensar así era un refugio para cualquier persona al imaginar que después vendría algo mejor. Siempre refugiando nuestro dolor en esa esperanza que muchos nos hacían creer, “no es para ti, vendrá algo mejor y estarás preparada para cuando llegue”



―¿Te acuerdas de tantos sueños tontos que teníamos? ―me preguntó con una sonrisa nostálgica.



―¿Tontos? ―le dije.



―Bueno, no tontos… esos sueños tiernos a futuro que pensábamos compartir.



―No ―le respondí sin mayor importancia y caminé soltándome de su mano.



Se sentó en una de las bancas y no dejó de mirarme. Claro que recordaba todos nuestros sueños. Por mucho tiempo, dentro de mi dolor al perderla, era lo que me mantenía con vida. Recordar cada uno de ellos era como una dosis de morfina que podía aliviar un poco mi dolor. Pero los sueños se fueron consumiendo como una vela que jamás me atreví a apagar de tajo. Se terminó simplemente. Vio que cada vez me alejaba más, sin tener ninguna intención de regresar a donde estaba ella, se levantó y decidió seguirme.



―¿Por qué no vuelves conmigo? ―me preguntó.



―¿Es lo que quieres? ―pregunté sonriendo con ternura al mirarla.



―Sí ―me respondió con cierta alegría al ver en mi pregunta una ligera posibilidad a su propuesta.



―¿Y sabes qué es lo que quiero yo?



Lucia borró su sonrisa al ver que ahora mi pregunta le quitaba todas sus posibilidades.



―¿Qué es lo que quieres? ―preguntó.



Miré al cielo sin responder nada. De nuevo esa brisa ligera volvió a caer. Mis ojos querían tanto mirar lo que ya no podía. Seguí caminando al darme cuenta que lo que en verdad quería, ella no me lo podía dar. Así estuvimos por mucho tiempo, entre una relación que buscaba ser más que una amistad otra vez. Aunque la realidad era que ninguna de las dos en verdad teníamos ese sentimiento de amistad. Lucia seguía enamorada de mí… y yo, yo sólo veía en ella a una ex pareja intentando remediar el peor error de su vida.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.