"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

20 de enero de 2012


XI



Llegaron las vacaciones de verano. Me sentía tan libre de la escuela, aunque no del todo. No reprobé ninguna materia porque los profesores se dieron cuenta de mi estado tan depresivo y como a muchos de ellos les agradaba, me pasaron. El problema es que varios de ellos no se compadecieron tanto y me dejaron trabajos extra para reponer las calificaciones en el siguiente semestre. Lo bueno del paso del tiempo, es que conoces nuevas cosas, ves el mundo de forma diferente y… y siempre hay cosas que nunca cambian, que nunca debieron intentar cambiar.



―¡¡Mariana!! ―entré gritando a su habitación interrumpiendo su lectura.



No recuerdo cuánto tiempo llevaba ya leyendo eso, y exagero, pero creo que desde que aprendimos a leer. Parecía un libro interminable con miles de hojas, provocaba flojera al verlo, a mí sí, que solo tenía la costumbre de leer historietas y no pararme en la biblioteca aunque de ello dependiera mi vida. En cambio a Mariana le gustaba leer de todo, por eso era tan inteligente y siempre sabía cómo acomodar cada palabra para cualquier ocasión… y no parar de hablar aunque se lo rogara. Así era esa niña, con los ojos más dulces y comprensivos que podían mirarme. La persona que con una sola mirada podía obtener todo de mí.



―¿Y ahora qué te pasa? ―preguntó sin despegar los ojos del libro.



―¡¡Conocí a la chica con los ojos más bellos del mundo!! ―casi grité.



―Sí, claro.



Al ver que no me estaba poniendo ni un mínimo de atención, me acerqué a ella y le cerré por completo el libro quitándoselo de sus manos. Lo miré por un tiempo para entender que tenía de interesante y luego lo arrojé a su cama. No sabía si Mariana estaba feliz o volvería a ser infeliz porque mi actitud infantil había vuelto. Ya estaba lista para escuchar de nuevo sus sermones y reclamos. Mi corazón se sentía fuerte para enfrentar al mundo y qué más podía pedir que hacerlo a lado de la persona que me regresaría a la realidad cada vez que quiera escapar de ella.



―¡Hazme caso! ―sugerí al ver como sus ojos miraban el libro sobre su cama.



―Bien, dime ―cruzó los brazos simulando que lo que le diría era más importante que lo que estaba leyendo, era una chica muy astuta… bueno, yo era muy simple en realidad.



―Bueno, estaba en la biblioteca, la que está aquí a tres calles ―empecé a contarle, no podía creer que estaba nerviosa y no sabía cómo contarle lo que había pasado.



―Aja... espera, ¿en dónde? ―se  levantó frente a mí algo impresionada.



―¡En la… biblio… teca! ―le dije pensando si lo había pronunciado bien.



Tomó mis manos con amabilidad y suspiró con calma, como intentando tranquilizarme.



―Alma.



―De Mariana ―le respondí.



―Sí, y mi corazón tuyo... Alma, cuántas veces te he dicho que ya no persigas a los gatos, pobres animales, déjalos en paz. No te quieren… ―se quedó pensando y terminó por preguntarme sin esperar mi respuesta―: ¿Por qué no te quieren?



―No lo sé ―respondí. Ni siquiera recuerdo por qué tenía esa obsesión por los gatos.



―Bueno, deja de perseguirlos pobrecitos.



―¡Dejé de perseguirlos a los doce! ―me solté de sus manos tratando de no recordar por qué dejé de hacerlo. Me acerqué a la cama y continué―: No, no entré a la biblioteca persiguiendo un gato... fui a leer para hacer los trabajos que me dejaron.



―Bueno, eso es increíble... y qué más.



―Ya sabes ―empecé a explicarle mi hazaña―, estaba atenta en la lectura del libro y sentí una mirada. Alcé la vista y me topé en la mesa de enfrente con unos ojos azules como el cielo ¡¡y me sonrió, Mariana!!



―Bien, ¿ahora cuál fue la historia real? ―preguntó con seriedad.



Me senté en la cama desanimada porque no me creyó aquella historia, sabía muy bien que para cualquier cosa siempre hacía el ridículo, pero hacer el ridículo siempre me traía las mejores cosas.



―Estaba durmiendo y se me cayó el libro sobre la mesa ―le contaba un poco avergonzada―, ella me miró y estaba sonriendo porque ya tenía mucho tiempo así... y salí corriendo.



―¿Alma, cuándo te comportaras con madurez? ―preguntó Mariana y se sentó a un lado mío.



―Después de los dieciocho ―me tiré sobre su cama―. Son azules como el cielo.



―Enamorada otra vez ―dijo Mariana con mucho desánimo y se recostó a un lado mío.



―¿Tiene algo de malo? ―pregunté extrañada.



―No, no ―se sentó y me miró con una sonrisa, con una sonrisa que jamás pude interpretar de otra manera que solo… no entendía cómo.



―No tiene nada de malo, ¿verdad? ―le pregunté con una sonrisa tan grande en mi rostro



―No, me gusta verte así ―respondió Mariana.



***



Haciendo cuentas sin querer, me di cuenta que ya habían pasado cinco meses desde aquel día tan horrible, donde perdí casi cuatro días de mi vida en una borrachera. Había pasado poco menos que lo de Lucia ya no me dolía tanto. Hacía tiempo que mi corazón ya no había dolido. Y había pasado mucho menos desde que vi aquella mirada azul. Ya no supe más de Lucia en todo este tiempo, los rumores decían que Ruth la había puesto en problemas dentro de la escuela y que la habían expulsado, pero los padres de Lucia habían hablado con los directivos y les dieron otra oportunidad a las dos. Fue cuando Ruth había dejado a Lucia por la chica con quien la vi la última vez. Todos mis amigos me contaron que Lucia decía que su peor error fue el hacerme a un lado. Yo no sabía qué responder ante esos comentarios, así que solo les sonreía y me iba del lugar. No sabía que sentía ante esas palabras, no quería pensar más en Lucia, no quería dejarla entrar a mi vida otra vez. Aunque en mi corazón seguía estando con fuerza, pero ya no quería que se hiciera realidad, no sé por qué no lo quería si Lucia ya estaba ahí, a mi completa disposición. Si lo único que Lucia quería era regresar conmigo… ¿entonces por qué yo no lo quería?, si sé que aún siento amor por ella, ¿por qué no estar con ella? Tal vez todo el dolor que me hizo pasar lo impedía, el que me haya hecho llorar tanto y hacerme sentir como si no valiera nada, era más fuerte que lo que sentía por ella. Lucia pudo aprender muchas cosas estando con Ruth, pudo sentir algo diferente que cuando estuvo conmigo, sintió unos labios diferentes a los míos y unos brazos que la acobijaron. Yo no sentí nada diferente a ella, no había unos labios que me besaran y unos brazos que me abrazaran. Yo tenía su recuerdo todos los días, la sensación de sus besos, sus abrazos y no había nadie que me mostrara lo diferente y aun así conocí que lejos de ella había algo diferente.



A la mujer de ojos azules la busqué por varios días sin encontrarla. Así pasé casi todos los días de las vacaciones de verano, buscando esa nueva ilusión que podría darle una nueva esperanza a mi corazón. Iba todos los días a la biblioteca después de clases, incluso no entraba a algunas para salir a buscarla. Todo esto lo hacía a escondidas de Mariana porque sabía que ella me retaría en cuanto se diera cuenta. Pero toda esa búsqueda fue en vano, ella no se cruzaba por mi camino. Ya estaba cansada de que todo lo que quería, siempre me era difícil de conseguir.



―¿Y si me voy? ―pregunté a Mariana mientras miraba tras su ventana hacia la calle.



―¿Adónde?



―No sé, tal vez lejos de aquí encuentre algo mejor para mí ―respondí sin creer tanto en eso.



Diecisiete años en el mismo lugar, sin conocer más fronteras que las veces que salíamos de vacaciones a Puerto Vallarta o a Veracruz con los abuelos de Mariana. No me importaba saber qué había más allá, pero si no había nada para mí aquí, entonces tal vez más allá si lo habría, algo para mí… o alguien para mí.



―¿Me dejaras sola? ―me decía con tristeza― Alma, tienes diecisiete años, aún no terminamos la escuela… no me dejes.



―Tú…



―Mariana, te espera Carlos afuera ―dijo la madre de Mariana desde la puerta.



Mariana me miró con intención de no marcharse. Ni siquiera me dejó decirle que ella tenía una razón más para quedarse aquí, la razón ya había aparecido por sí misma, Carlos, no podía llamarle a eso una casualidad, solo su destino.



―Ve con él, aún seguiré aquí cuando vuelvas.



Mariana salió sin muchas ganas. Carlos era su novio desde los doce años, él pensaba casarse con ella, ya se lo había dicho a Mariana y a su mamá. Yo no estaba de acuerdo con eso, no lo odiaba, pero tampoco significaba que lo quisiera. Desde la ventana vi como se alejaban, Mariana era una persona muy madura y él también lo era, no me agradaba mucho, pero me bastaba con que tuviera un amor sincero para mi mejor amiga.



Si te sigue molestando yo le pego decía sujetando la mano de Mariana que estaba asustada.



Recordaba aquel día mientras los miraba alejarse tomados de la mano. Ese día cuando Mariana empezó a salir con Carlos. Ese día sentí nuevamente el miedo de estar sola. Fue la última vez que salí corriendo persiguiendo a un gato. Yo no entendía lo que pasaba en la cabeza de un niño, a veces ni siquiera sabía lo que pasaba conmigo, pero la mamá de Mariana me decía que el comportamiento de Carlos para con Mariana era porque le gustaba, por eso se portaba groseramente con ella, que no debía molestarme con él y que tenía que dejar que se acercara a Mariana. Tenía doce años cuando intentó explicarme eso, Carlos molestaba a Mariana desde preescolar y yo sentía que debía protegerla de él. Mariana a veces lloraba porque le daba miedo, recuerdo que ese día estaba dispuesta a golpearlo con tal de que no le volviera hacer nada. Carlos iba con uno de sus mejores amigos y yo sólo dejé a Mariana detrás de mí, pero para desgracia mía y fortuna de Carlos, a lo lejos vi un pequeño gato blanco y no pude evitarlo. Corrí por tres calles antes de alcanzarlo sin que me diera ningún rasguño, al regresar a donde estaba Mariana para mostrarle que lo había agarrado, los vi a lo lejos, Carlos sujetaba su mano y Mariana sonreía. Solté al pequeño gato y corrió, lo único que hice fue correr en dirección contraria. No sabía lo que sentí en ese momento ni lo que siento en ningún otro en que los miraba juntos, tal vez solo eran celos, Mariana era mi mejor amiga y desde ese día Carlos empezó a formar parte de su vida. Y desde ese día dejé de molestar a los gatos, nadie sabe que ésa fue la razón del porqué dejé de hacerlo, ni Mariana llegó a saberlo.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.